LA
ESPUMA QUE TÚ ERES
A Ana Isabel García Llorente
No vine a ser carne,
vine a ser espuma.
Letra sobre pliego.
GATA CATTANA
Vino
la muerte y se enamoró de tus ojos
y se
apoderó de tus manos
que
amaban con las palabras desnudas,
sin
ventanas, sin jardines, sin trabajo
y con
todo el arte del mundo.
Ella
sabe que hay muertos que la hacen bella y deseable,
cadáveres
exquisitos que la repiten hasta la inmortalidad,
poetas
empeñados en permanecer jóvenes
por
toda la eternidad, aunque suponga su propio olvido,
mujeres
de mirar transparente como el filo de una espada
y
niños que alimentan su desmedido afán
por
ganar todas las guerras.
Ella
estuvo en el Mar del Plata, en los ojos de agua de Alfonsina,
en
cada uno de los 36 barbitúricos que ingirió Alejandra Pizarnik
como
antes lo hiciera Norma Jean
vestida
con la fragancia número cinco de todas las pantallas del mundo
y en
las manos vacías de Misuzu Kaneko
que
las precedió en el amor y la pérdida.
Estuvo
en el tumor inmenso que se apoderó de las miradas
y las
lenguas hermanas de Maria Mercé Marçal y Carmen Joldra,
en la
última carta, escrita en el lecho, de Juana Borrero
al
tiempo que contenía impertérrita
el llanto
desconsolado de su amor imposible,
en el
romanticismo vital de Rosalía de Castro estuvo
mientras
caían también los poetas varones como varas tronchadas.
Manejó
las tijeras que cortaron los hilos de tantas mujeres
que
hacían del mundo un lugar apropiado para vivir
aunque
ellas no pudieran disfrutarlo.
Y
decidió abrirte antes de tiempo las puertas del club de los 27
porque
entendiste que la palabra con música entra.
Ella
tiene estas cosas.
No
sabe andar despacio y acuchilla,
pero
también perpetua el mar y las palabras
que recalan
en aguas cristalinas,
como las
tuyas,
tablas
salvadoras del último naufragio.
Porque
tú ya eres espuma.
Espuma
por los resquicios del tiempo.
Espuma
nuestra, pliego de descargos
de la
conciencia culpable de desidia y silencio,
gata
de todos los tejados donde resbala la luna
por
los huecos de las bombas.
Porque
nunca nada es suficiente,
porque
no aman de igual forma los pobres y los ricos,
porque
todo el mundo se vende
y tú
siempre estás, aunque no estés,
yo te
regalo la sal de mis palabras
que
las tuyas engendran
como
la vida engendra más vida
y la
muerte engendra más vida
porque
la vida le da a la muerte su sentido
y un
poema es eterno, aunque nadie lo lea.
Mírame, Ana Isabel, vengo sediento de verdades
a
saciarme en tus ojos,
a
mojarme en tu espuma,
a ser,
también, música y poema.
2º Premio VII CERTAMEN LITERARIO A.M.C. GATA CATTANA (Modalidad Poesía)

¡Precioso poema!
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