Jorge Manrique comparaba nuestra vida con los ríos. No todos los ríos son largos y caudalosos, al contrario, muchos son de corto discurrir y escasa agua. Pero aún éstos pueden alimentar a otros y contribuir a aumentar su caudal. Quiero, en el viaje que comienza hoy, recordar algunos ríos que no son corrientes menores, ni mucho menos: poetas de recorrido breve y selecto bagaje que dejaron huella permanente, bien que algunos sean más conocidos que otros. Ninguno de los autores elegidos llegó a cumplir los cincuenta años. No es una nómina exhaustiva: al igual que en una antología nunca están todos los que debieran, aquí caben aquellos que se citan en el poema Vino la muerte y se instasló en sus ojos [XXI Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma y Alba de Nava de la Asunción (Segovia)], título que quiere recordar a un poeta que murió joven: Césare Pavese y rendir homenaje a poetas que abandonaron aquel cuerpo que les fue dado y que, en versos de Luis Felipe Comendador, “verlo morir es bello, como sentirlo vivo”. Recordaremos esos hermosos cuerpos, esas edades truncadas, esos poetas que nos legaron versos como vidas en su corta existencia. Unos son más conocidos que otros, algunos completamente extraños, todos tienen versos memorables, todos merecen un espacio que les salve del olvido. Porque nada hay más breve que lo eterno, según José Viñals. Y en un verso cabe todo un universo.
No abundaré en la biografía de los poetas. Que quien esté interesado, si no lo conoce, busque información y bucee en la obra de cada cual.
"El vicio absurdo", como lo llamaba Césare Pavese, el suicidio, tendrá cabida en estos golpes.
Césare Pavese (1908-1950)
En Turín el domingo 27 de agosto de 1950 en la habitación número 47 del hotel Roma Pavese ingiere 16 envases de somnífero y muere. En menos de un mes iba a cumplir 42 años.
VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o.un vicio absurdo.— Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.
Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.
Luis Felipe Comendador en Paraísos del suicida (6é Prtemi
Tardor de Poesia) escribe este poema:
CÉSARE PAVESE HACE UNA CRUZ CON CUATRO CLAVOS
El odio recogido
de todos los combates
se amontona en mi cuerpo
y me impide moverme.
Ya no da para más
este envase de vísceras,
ya no admite ni un ápice
del horror de los días,
está colmado, a punto
de estallar cuajarones
de la sangre venosa
que lo infecta y oprime.
No admite lo común,
ni siquiera la duda
de un gesto hermafrodita,
no está para más treguas
ni para hacer tratados
de paz claudicatorios.
Sólo pide la muerte
urgente y necesaria
para dejar de ser
la peste de sí mismo.
Cuatro clavos en cruz
resuelven el misterio
habitando al unísono
un único agujero.





