viernes, 16 de octubre de 2026

Poetas de vida breve. 38 Rosalía de Castro

 Me duele Rosalía de Castro, eterna enferma del Rexurdimento frente a la ventana abierta donde el mar no se ve.


Rosalía de Castro nacíó en Santiago de Compostela (1537). Murió en 1885 de un cáncer de útero en su casa de Padrón, a los cuarenta y ocho años.



  

                                                         De: Follas novas



Cando penso que te fuches


negra sombra que me asombras,

ó pe dos meus cabezales

tornas fazéndome mofa.

Cuando maxino que es ida,

no mesmo sol te me amostas,

i eres a estrela que brila,

i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas;

si chora, es ti que choras;

i es o marmurio do río,

i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,

pra min i en min mesma moras,

nin me abandonarás nunca,

negra sombra que me asombras.



Cuando pienso que te huyes


Cuando pienso que te huyes,

negra sombra que me asombras,

al pie de mis cabezales,

tornas haciéndome mofa.

 

Si imagino que te has ido,

en el mismo sol te asomas,

y eres la estrella que brilla

y eres el viento que sopla.

 

Si cantan, tú eres quien cantas;

si lloran, tú eres quien llora;

y eres murmullo del río

y eres la noche y la aurora.

 

En todo estás y eres todo,

para mí en mí misma moras,

nunca me abandonarás,

sombra que siempre me asombras.

Traducción: Mauro Armiño
                              

                                    Traducción : Mauro Armiño

 


                                    

Agora cabelos negros

Agora cabelos negros,
máis tarde cabelos brancos;
agora dentes de prata,
mañán chavellos querbados;
hoxe fazulas de rosas,
mañán de coiro enrugado.

Morte negra, morte negra,
cura de dores e engaños:
¿por qué non mata-las mozas
antes que as manten os anos?

 


Ahora cabellos negros

Ahora cabellos negros,
más tarde cabellos blancos;
ahora dientes de plata,
mañana dientes quebrados;
ahora mejillas de rosas,
mañana cuero arrugado.



Muerte negra, muerte negra,
cura de dolor y engaños:
¿por qué no matas las mozas
antes que las maten años?

                       Traducción : Mauro Armiño




                               De: En las orillas del Sar

                                                De: En las orillas del Sar


                                                        


VII

Ya que de la esperanza, para la vida mía,

triste y descolorido ha llegado el ocaso,

a mi morada oscura, desmantelada y fría,

tornemos paso a paso,

porque con su alegría no aumente mi amargura

la blanca luz del día.

 

Contenta el negro nido busca el ave agorera;

bien reposa la fiera en el antro escondido,

en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido

y mi alma en su desierto.



Dicen que no hablan las plantas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,

Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,

De mí murmuran y exclaman:

—Ahí va la loca soñando

Con la eterna primavera de la vida y de los campos,

Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

 

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,

Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

Con la eterna primavera de la vida que se apaga

Y la perenne frescura de los campos y las almas,

Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

 

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,

Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?




Yo no sé lo que busco eternamente...

Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco; pero es algo
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!




miércoles, 7 de octubre de 2026

Poetas de vida breve. 37 Alfonso Costafreda

 Me duele Alfonso Costafreda, su soledad sin padre y su inquebrantable deseo de ser poeta al borde del abismo.

Alfonso Costafreda nació en Tárrega en 1926. Murió en Ginebra en 1974 por sobedosis de sonníferos. Probablemente se suicidó.  Aún no había cumplido los 48 años. 


Yo pregunto 

Ha muerto mi padre.
Se repite su ausencia cada día
en el hogar vacío.

Yo pregunto,
y además de la ausencia y además
de perder los caminos de esta tierra,
¿qué es la muerte?

Yo te pregunto, padre, ¿qué es la muerte?
¿Has hallado la paz que merecías?
¿Encontraste cobijo en nueva casa
o vas errante, y sufres bajo el frío
del invierno más grande, del total
desamor?

Yo te pregunto, padre, si son algo
los muertos, o si la muerte es sólo
una inmensa palabra que comprende
todo lo que no existe.




Compañera de hoy

Compañera de hoy, no quiero
otra verdad que la tuya, vivir
donde crezcan tus ojos,
dando tu luz, tu cauce
a lo que veo y siento...

Deshacer ese ovillo
oscuro del temor,
encontrar lo perdido,
quebrar la voz del sueño...

Y lenta, lentamente
aprender a vivir,
de nuevo, de nuevo,
como en una mañana
cargada de riqueza.





El silencio

No puedo hablar; aunque quisiera
no puedo hablar con alegría.
¿Qué he de decir? Ni tan siquiera
presentar puedo una página limpia.
No puedo hablar, sólo tinieblas crecieran
sobre la hierba maldita.
He de callar, pero yo diera
mi vida.

Desde pequeño soñé

Desde pequeño soñé
ser el poeta
que explicase a los niños la historia de los pájaros;
cómo en ellos se apasiona la vida,
se adelgaza, se cumple,
y en los cielos, ella misma se canta.


Las pequeñas palabras

Decías tú palabras
íntimas, silenciosas.

Palabras que se dicen
del amor al amor,
de una boca a otra boca.

El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
memorables, dichosas.

Las hazañas diarias,
ilusiones del día,
las más pequeñas cosas;
palabras compartidas,
útiles, generosas.

El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
-otras no he de decir-
durarán como rocas.




BAJO LA TIERRA

 

Busco, bajo la luz del alba,

con las manos en la tierra,

raíces de la memoria perdida,

semillas negras en el olvido.

Sabia memoria de un tiempo

en el que hube de escoger

caminos y sueños que creí

verdaderos, totalmente ciertos.

Sueños que perdí en los días

donde fui discípulo de sombras,

jinete mudo en la noche,

aprendiz de antiguos errores

que nuevos aparecen bajo la luz.

Con ira arranco tierra bajo mis pies,

interrogándome por el hombre

que oculté tras las palabras.

Con desazón remuevo la tierra

donde habré de reencontrarme

con el hombre que ha ido

muriendo en mí.

 

                                                              José Luis García Herrera. Niebla en Costafreda


viernes, 2 de octubre de 2026

PERDONAD LOS OLVIDOS (Poetas de vida breve)

 

Este escrito debía haber salido la pasada semana, una vez concluida la serie dedicada a los poetas que aparecen mencionados en el poema Vino la muerte y se aposentó en sus ojos. Va ahora, debidamente corregido y con el porqué implícito:

Hasta aquí, los autores reflejados en el poema, pero la nómina es extensa. Perdonad los olvidos y las limitaciones. No se debe por mor de la precisión caer en defecto de hartura. Por ello no me excedí con poetas célebres como los románticos (Rosalía, Espronceda, Bécquer), Rubén Darío o Gabriel y Galán que, sin embargo, tendrán su lugar en esta segunda fase que se inicia precisamente con ellos, tras dos que sí merecían estar: Alfonso Costafreda y Gatta Catana. Gata Catana apareció la semana pasada, Costafreda lo hará la próxima. A Ana Isabel García Lorente está dedicado mi poema La espuma que tú eres, galardonado con el segundo premio en el certamen que lleva su nombre (Gata Cattana) en su Adamuz natal que recogí el pasado 26 de septiembre, de ahí su incorporación al blog mientras visitaba su tierra. Que Alfonso Costafreda me perdone su no inclusión en el poema y que lo haga en su nombre José Luis García Herrera quien lo rescató en su poemario Niebla en Costafreda. (Premio Flor de Jara, 2023)

Los que siguen tampoco estuvieron recogidos por ignorancia del recopilador o por libre elección del mismo, algunos son reputados, otros apenas conocidos, la mayoría olvidados; los he ido rescatando en tenaz búsqueda hasta completar, con inevitables lagunas, la relación de quienes dejaron obra en castellano o en cualquier otra lengua de nuestro país. Habrá fallecidos por suicidio, enfermedad, accidente…, aparecerán los poetas de la Generación Decapitada…, algún cantautor… Y, más adelante, me atreveré con quienes escribieron en otros idiomas patrios, con quienes nacieron en países extraños a nosotros, muchos de ellos sobradamente conocidos. Todos ellos vieron sus vidas truncadas y nos hablaron en el lenguaje universal de la poesía y la universalidad.  

Continuaré, como en los hasta ahora publicados, obviando la biografía reducida a las fechas vitales y poco más, consignando la edad a la que dejaron de existir, y cómo sucedió el óbito de cada cual. Y, naturalmente, divulgando imágenes y poemas tomados de internet. Será una llamada de atención para quien quiera profundizar por su cuenta en todos o en alguno de ellos en particular. La poesía continúa.

 

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

La espuma que tu eres


LA ESPUMA QUE TÚ ERES

 

                                                      A Ana Isabel García Llorente

 

No vine a ser carne,

vine a ser espuma.

Letra sobre pliego.

GATA CATTANA

 

Vino la muerte y se enamoró de tus ojos

y se apoderó de tus manos

que amaban con las palabras desnudas,

sin ventanas, sin jardines, sin trabajo

y con todo el arte del mundo.

 

Ella sabe que hay muertos que la hacen bella y deseable,

cadáveres exquisitos que la repiten hasta la inmortalidad,

poetas empeñados en permanecer jóvenes

por toda la eternidad, aunque suponga su propio olvido,

mujeres de mirar transparente como el filo de una espada

y niños que alimentan su desmedido afán

por ganar todas las guerras.

 

Ella estuvo en el Mar del Plata, en los ojos de agua de Alfonsina,

en cada uno de los 36 barbitúricos que ingirió Alejandra Pizarnik

como antes lo hiciera Norma Jean

vestida con la fragancia número cinco de todas las pantallas del mundo

y en las manos vacías de Misuzu Kaneko

que las precedió en el amor y la pérdida.

 

Estuvo en el tumor inmenso que se apoderó de las miradas

y las lenguas hermanas de Maria Mercé Marçal y Carmen Joldra,

en la última carta, escrita en el lecho, de Juana Borrero

al tiempo que contenía impertérrita

el llanto desconsolado de su amor imposible,

en el romanticismo vital de Rosalía de Castro estuvo

mientras caían también los poetas varones como varas tronchadas.

 

Manejó las tijeras que cortaron los hilos de tantas mujeres

que hacían del mundo un lugar apropiado para vivir

aunque ellas no pudieran disfrutarlo.

Y decidió abrirte antes de tiempo las puertas del club de los 27

porque entendiste que la palabra con música entra.

 

Ella tiene estas cosas.

No sabe andar despacio y acuchilla,

pero también perpetua el mar y las palabras

que recalan en aguas cristalinas,

como las tuyas,

tablas salvadoras del último naufragio.

 

Porque tú ya eres espuma.

Espuma por los resquicios del tiempo.

Espuma nuestra, pliego de descargos

de la conciencia culpable de desidia y silencio,

gata de todos los tejados donde resbala la luna

por los huecos de las bombas.

 

Porque nunca nada es suficiente,

porque no aman de igual forma los pobres y los ricos,

porque todo el mundo se vende

y tú siempre estás, aunque no estés,

yo te regalo la sal de mis palabras

que las tuyas engendran

como la vida engendra más vida

y la muerte engendra más vida

porque la vida le da a la muerte su sentido

y un poema es eterno, aunque nadie lo lea.

 

Mírame, Ana Isabel, vengo sediento de verdades

a saciarme en tus ojos,

a mojarme en tu espuma,

a ser, también, música y poema.


2º Premio VII CERTAMEN LITERARIO A.M.C. GATA CATTANA (Modalidad Poesía)


jueves, 24 de septiembre de 2026

Poetas de vida breve. 36 Gata Cattana

 Me duele buscar las huellas de Ana Isabel, leer, escuchar su voz de Gata,,, Y no haberla conocido antes de que la besara la muerte.


Ana Isabel García Llorente, más conocida como Gata Cattana, cantante y poeta cordobesa (1991 - 2017), nació en Adamuz y murió en Madrid  por un choque anafiláctico. Tenía 25 años.





MALDITOS SEAN



Malditos sean los mapas,

las coordenadas, las carreteras

y las vías de la Renfe.

Malditas las unidades de medida:

las horas, los kilómetros, los números.

Malditas sean las comunidades autónomas,

el tendido eléctrico,

las líneas telefónicas,

las conexiones automáticas

y la red virtual.

¡Malditos los poetas!

¡Maldito Salinas, maldito Machado!

Y Gustavo.

Y Federico.

Malditas las tostadas

con café por las mañanas.

Malditas las canciones

que me arrancó, los testigos.

Malditas las camas de uno cuarenta,

la prisa, el alcohol y los planes a la larga.

Malditos los pensamientos impuros,

las ideas lujuriosas y la libido.

Malditas sean también las comparaciones

y los dólares, la ley del suelo

y la burbuja inmobiliaria.

Malditas las parejas de la mano,

malditos los besos sin tapujos,

maldito el camino de vuelta.

Y tus ojos.

Y todas las cosas que me recuerdan que tú no estás.






LA ESCALA DE MOHS



Todo el mundo se vende.

Al final... todo el mundo.

Yo me vendí por tres milímetros

de iris azul tanzanita

en cada ojo

lo que hacen un total de seis

por dos de ancho

milímetros de iris azul radiactivo,

azul heisenberg.

No se si al diablo o a quién…

porque en Cupidos no creo,

pero cambié mis veredas livianas

y el jardín de trofeos

y mis cuevas de ego sin fondo

sin tregua ni amparo

y esta mala fe de augura

y el mañana, y el ahora…

por seis por dos milímetros de iris

de topacio azul,

de dureza ocho

en la escala de Mohs.

Y cambié mis sonrisas infalibles

hábilmente conseguidas

y las ganas de los otros

y el discurso de Gomorra

y de Artemisas en Arcadias…

En resumidas cuentas,

la heroicidad de la independencia,

la certeza de no ir viendo fantasmas

como Bécquer,

y he aquí la paradoja:

por seis por dos de pupila azul turmalina,

con algo de cobalto y de polonio,

y lo de polonio no lo digo por el color.

Al final todo el mundo…

Todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí

que después de tanto principio,

tanta ley y tanto código, tanto juez

y tanta ética, tanto farol bien tirao…

que el mío iba a ser tan minúsculo.

Yo siempre lo supe.

Desde que a Aquiles le dieron

a elegir entre la gloria o la paz,

yo ya lo sabía,

hubiera elegido lo segundo.

No soy de cantares de gesta.

Y siempre releía la historia

advirtiéndole desde mis adentros

a ver si no cometía el mismo error.

Pero nada.

Y claro,

directa al talón.

Yo hubiera elegido lo otro,

siempre se lo dije.

Hubiera muerto a los setenta

en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo la gloria no es tanto…

La gloria debe ser morirse

en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo…

¿Quién se acuerda hoy de Aquiles?

Si no es esta loca rumiante mascullando

te lo dijes.

Para eso has quedado.

Para lo que quedó Troya.

Para que venga ahora esta loca

rumiante mascullando te lo dijes

a altas horas.

Otras noches te comprendo.

Y te compadezco.

Y nos compadezco.

En cierto modo algo de razón tenías,

todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí,

quién nos iba a decir,

que el mío fuera un total

de seis por dos milímetros cuadrados

de iris tapiz de hilo persa,

azul egipcio,

Bombay Sapphire,

de dureza ocho

en la escala de Mohs.

Yo hubiera elegido lo otro,

siempre te lo dije.

Aunque en cierto modo puede

que tuvieras razón.

Quién sabe si tenías razón.







CON LAS MANOS



No aman de igual forma

los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.

Los pobres aman en la carne y con gula,

en las peores estampas,

en condiciones famélicas y con

todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.

Entienden de lunes y de tedios domingueros

y de gastos imprevistos

de facturas y de angustias

que embisten

mes a mes

a quemarropa.

El amor de los pobres

no sale por la ventana

aunque el dinero entre

por la puerta,

(que nunca entra),

(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido

a amarse a oscuras por eso mismo.

Han aprendido a amarse mal alimentados

mal vestidos, malqueridos,

porque el hambre agudiza el ingenio

y en sus jardines también crecen las flores

(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar

los vis a vis, entre jornada y jornada

de trabajo,

(aunque no haya trabajo)

y saben darse placeres nunca tasados

de valor incalculable

y han aprendido a disfrutar las circunstancias

y la sopa de sobre,

el viejo colchón y la cuesta de enero.

Y parece que su amor se yergue

indestructible a pesar de,

a pesar de las miles de plagas,

de los sueños frustrados y fracasos andantes,

de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,

más valiente que Heracles,

más Odiseo que Odiseo.

Y parece que su amor se extiende y se multiplica

al ritmo que se multiplican los pobres,

al ritmo que se multiplican los infortunios

y los desastres naturales que golpean

siempre en las casas de los pobres.

Y ese amor está a la altura de Urano,

a la altura de Urano y de Gea juntos,

y es el única arma

que tienen los pobres

para defenderse.

Por eso han aprendido a cultivar flores

y a cantar bien sus penas

y han inventado las mejores obras

y los mejores instrumentos.

Por eso entienden de arte y saben

encontrarlo donde lo haya,

aunque no lo haya,

(que siempre lo hay).

Y han aprendido a aprovechar el carisma

y la jerga,

y a escribir poemas inmortales

sobre amores complicados,

y saben de cosquillas,

y saben de boleros

y saben de desnudos

y de darlo todo,

que no es más que lo puesto,

las manos y la lengua

la forma de otear el horizonte

y los cánticos en contra del patrón.

yo solo se amar de esta manera

yo te amo como aman los pobres

y me temo

que por mucho mucho tiempo

esto seguirá siendo así.







ALGO MÁS




Para mí nunca nada es suficiente.

Me da igual que me cantes serenatas

o que conquistes ciudades en regiones

bárbaras bajo mi estandarte

o que lleves mi estandarte a Mercurio o a Urano.

Incluso aunque lo clavaras

en el cabecero de tu cama,

seguiría pareciéndome insuficiente.



Y haces bien en no regalarme flores.

Haces bien, porque ni las magnolias

ni los claveles ni los tulipanes,

ni siquiera las rosas negras,

me conmueven lo más mínimo

ni me parecen una honda declaración.



Ni siquiera los chocolates.

Ni siquiera las noches

en que te muestras elocuente.



jueves, 17 de septiembre de 2026

Poetas de vida breve. 35 Pablo del Águila

 

Me duele Pablo del Águila jugando 

a la margarita rusa de la duda permanente: 

¿accidente o suicidio?...




Pablo del Águila (Granada, 1946-1968) fue un poeta que, a pesar de no publicar nada durante su breve vida, dejó una huella profunda entre sus contemporáneos granadinos. Murió –parece que por propia voluntad– cuando tenía 22 años



Cuando muera


Cuando muera
que nadie me recuerde cantándole a otros mundos mi cantar.

Mi canto es de este mundo
Que todos me recuerden cantándole a la mar.
Mi cuerpo es de esta tierra
y en la tierra lo dejo eternamente vivo para amar.

Cuando muera
que mis huesos descansen junto al mar,
que las inmensas olas me recubran
y conmigo retornen a empezar.
Que mis ojos, los ojos de los peces y las piedras
se pierdan en el fondo de la mar.
Que los ríos, los hombres y los niños
tropiecen con mi muerte al caminar.

Cuando muera
no quiero otros honores ni otra paz.
Quiero seguir viviendo en cada aliento,
en las bocas que se abren al besar.
Quiero seguir viviendo en cada soplo
amando cada cosa sin cesar.
Que mis besos
los besos que no he dado
encuentren muchos cuerpos al pasar.

Cuando muera
que mis brazos se ciñan a una roca para seguir cantando hasta el final.
Que mis huesos, los huesos de los vivos
y los muertos, se hagan tierra en el fondo de la mar.


De: Resonando en la tierra, 1966.
Recogido en: En soledad amor, silencio y muerte- Poesía reunida (1964-1968)







Regresar a mi vida,

 a mis costumbres,

 a la inquieta certeza de mi nombre.

 Me llamo Pablo. A secas.

 Tengo dos apellidos.

 Es costumbre de este país terrible donde vivo.

 No tengo nada más o poca cosa.

  

 Me acuesto. Me levanto.

 Bebo vino, café, fumo y regreso.

 Estoy como un recuerdo marchitado,

 como una vida que se va y no viene.

  

 Yo tampoco vendré. Me llamo Pablo.

 Me conozco mi nombre de memoria. Soy joven.

 Quiero decir que tengo veinte años.

 Conozco mi estatura, el color de mis ojos.

 Un día del mes de agosto, era el año pasado,

 me dijeron: son verdes como el mar.

  

 Fumo, bebo y me acuesto. Me levanto.

 (Con la Virgen María y el Espíritu Santo.)

  

 Regresar es tan triste como partir es triste.

 Ni parto ni regreso.

                                Estoy anclado. Soy un recuerdo

 que aún anda de cabeza porque vivir es triste

 como morir es triste.

  

 Me llamo Pablo. Quiero que lo sepáis.

 Me pusieron un nombre sin saberlo,

 sin saber que marcaban mi existencia,

 que me ataban a un ser que no conozco, que veo en el espejo por las tardes

 después de haber bebido cualquier cosa.

  

 Soy un recuerdo malditamente echado por inercia.

 Quiero que lo sepáis:

                                   me llamo Pablo.


Hoy he sentido la muerte

Hoy he sentido la muerte
en mis espaldas;
hoy he visto a un sereno
con un perro
y me he puesto a llorar porque soy débil
para alzar mi cabeza
alrededor de alguien.
Después de vacilar en dos momentos
me he guardado en mi mano
los secretos
y he sentido un murmullo
que crecía como cosa de Dios.

A veces creo
que no podré callar
estos deseos de amor
que me consumen
y entonces sueño
hacia a mí y algo
me abraza,
algo salido del tiempo reflexivo
de mi futuro encuentro
en el vacío.

La muerte me acompaña
cada noche
cuando pongo mis manos
en mi cuerpo
pensando que soy otro,
cuando salgo a la calle
y bebo vino
junto a algunos amigos
que usan camisas como yo,
que fuman por pasar
un rato a gusto
y me mandan postales
por mi santo.

Y no soy otra cosa
sino muerte
cuando en algún espejo
me contemplo
y me entran ganas
de morir al verme;
entonces pienso en otro,
me cojo por los hombros
con mis manos
y me escondo en mi pecho
sollozando,
mientras de amor mi cuerpo
se hace muerte.




Me queda la nostalgia, la esperanza

en mi muerte

prematura.

Lo demás no importa:

carece de importancia

lo que digo.



Poetas de vida breve. 38 Rosalía de Castro

  Me duele Rosalía de Castro, eterna enferma del   Rexurdimento frente a la ventana abierta donde el mar no se ve. Rosalía de Castro nacíó ...