domingo, 21 de junio de 2026

ALTA ESQUINA DEL AIRE, palabras de José luis García Herrera, poeta



Si me conocéis, física o virtualmente, no ignoráis que Alta esquina del aire (Parnass, 2026) es mi último libro publicado. El pasado 17 de junio en el Castillo de Cornellà se hizo la primera presentación en público organizada por Poetas de Cornellà. Me acompañaron en la mesa el alcalde, Antonio Balmón, y el poeta José Luis García Herrera. Presentó el acto Carlos Fernández. Recitaron mis poemas Araceli Moretó, Carmina Ferreres y María Naranjo. Pepe Hernández las acompañó a la guitarra y nos deleitó con tres canciones emblemáticas. Aunque el cuerpo me pide agradecerles publicamente, a ellos y a otros que tanto lo merecen, su colaboración desinteresada no quiero extenderme porque mi intención principal con este post es publicar las palabras de José Luis, que es también el autor del magnífico prólogo que abre el libro. Ni que decir tiene que me siento muy orgulloso de ser su amigo y tenerlo como lector. 


Esto dijo en la presentación:


                                                               

                Esta es una tarde de celebración y de homenaje. Y, en unos minutos, entenderán porqué.

            Para mí, y lo digo con absoluta franqueza y la amistad innegable que nos une, es un honor presentar un libro de Jesús Pico Rebollo. Un honor, y un placer. Un placer compartir con Jesús amistad y poesía. Imagino que en este orden. Si, hace un tiempo, decíamos que la luz tenía continuidad, que la vida proseguía, como el verso que nace de los momentos vividos con intensidad, hoy nos reúne aquí, en esta sala, un libro que, por encima de cualquier otra consideración, es un homenaje a la amistad, al amor, a la vida y a la poesía.

            Pablo Neruda sentía una enorme admiración hacia Miguel Hernández. Bueno, Neruda, y creo que todos los que amamos la poesía. Veía en él, en Miguel Hernández, al hombre que lleva la poesía dentro, que extrae lo más hermoso de todas las cosas, las más espirituales y las más cotidianas. Y, en especial, lo hacía de un modo natural y sencillo. Yo veo en Jesús, algo, o mucho, de Miguel Hernández. Jesús dispone de un amplío conocimiento de la métrica, domina el ritmo con gran maestría, tanto en el verso rimado como en el verso libre, con un lenguaje rico y expresivo, con imágenes sorprendentes y metáforas que te atrapan. Y lo hace de una manera sencilla y natural, con la modestia de quien hace bien lo que sabe hacer y no necesita más para ser feliz.

            Me decía el poeta José Cruset, hace muchos años, cuando yo empezaba como aprendiz en esta aventura de juntar versos, que el buen poema es aquel que te “pellizca el corazón”. ¡Qué imagen, ¿verdad?! ¡Qué te pellizca el corazón! Bueno, pues la poesía de Jesús Pico Rebollo tiene la enorme facultad de emocionarte, de tocar la fibra sensible del alma, de pellizcarte el corazón. Y “Alta esquina del aire”, la última entrega poética de Jesús, es la palabra hecha emoción.

            “Alta esquina del aire”. ¡Qué hermoso título! Un título que evoca, por lo elevado, algo grande, excelso, casi inalcanzable. Esa esquina del aire donde van los sueños del poeta, donde habita la memoria y los recuerdos, donde pervive el amor y la amistad, todo lo sagrado, todo lo que merece ser tenido en alta estima.

            Menciono en el prólogo del libro que, cuando Jesús me dio a conocer el título de este libro, pensé en un edificio alto, que tocaba el cielo y, en lo más alto, como una veleta o una bandera, ondeaba la poesía. Y sí, la poesía está en lo alto de todo, y todo lo que la poesía de Jesús significa. Porque hay un momento en la vida, por los avatares, zancadillas, y sinsabores que la vida nos entrega, que dirigimos la mirada hacia la más alta esquina del aire, buscando respuestas que, quizá no, o quizá sí, la poesía nos revela.

            Y les sugiero que vayamos del prólogo a la contraportada del libro. Por dos razones: una) es un libro de celebración y de homenaje. Cuando has vivido mucha vida y has estado cara a cara con la muerte todo adquiere otra dimensión y se vuelve canto de celebración hacia los aspectos más esenciales de la vida. Y, dos) la poesía de Jesús tiene una gran riqueza expresiva y formal, yendo del soneto al verso libre, de la oda al haikú… Y cuando se dice que la suya es una poesía alejada de modas se quiere decir, en esencia, que Jesús tiene una voz propia, un decir personal, consecuente con un estilo y una manera, particular, de entender y escribir poesía. Y, cuando a un poeta le dicen que tiene una voz propia, le quieren decir que su obra es reconocible por sí misma: reconocible y singular.

            Y ahora sí, si me acompañan, les enseño el libro por dentro.

            “Alta esquina del aire” es, como ya se ha dicho, un libro de celebración y de homenaje. Y dentro del homenaje, uno muy especial, al poeta y activista cultural Ángel Cazorla, andaluz afincado en Terrassa y de quien, Jesús, nos explicará, imagino, algunas cosas. No anticipo nada pero, a tener en cuenta, en este libro, la figura de Ángel Cazorla. Y de celebración porque el primer poema de este libro ya es un brindis, un brindis por la poesía, por la amistad, por la vida. “Brindo por vivir junto a vosotros / a la orilla de un río de palabras…”

            La primera parte del libro “A los aires de entonces” (el libro está dividido en tres apartados) nos ofrece una mirada hacia el pasado, hacia el rescate de la memoria, hacia esos lugares que merecen ser revisitados y salvados del olvido. Y en ese rescate de vivencias pasadas está el amor, el amor auténtico, aquel que nos acompaña, contra viento y marea, toda una vida. El amor carnal y el amor a la poesía que Jesús encuentra, o descubre, siendo joven, en tierras de Castilla, en Sardón del Duero, en Valladolid. Poeta de tierra adentro que descubrió el mar en la poesía de Machado, de Neruda y de Espriu. Y que, cuando llegó al mar, decidió quedarse cerca, atrapado por el embrujo de su sonido y su inmensidad.

            La segunda parte, “Tras la puerta del aire” que, en sí, el título, ya es un guiño y un canto a la libertad, tiene un marcado carácter social y de denuncia. Poemas como “Tengo las manos blancas” “Gacela del niño palestino” y “Dispara al árabe” así lo confirman y atestiguan. Poemas que hablan desde el dolor y de la impotencia pero que, también, desean despertar la conciencia social de un pueblo. La poesía debe ser “no solo un arma cargada de futuro” como pedía Gabriel Celaya, si no, también, una voz de alarma a favor de los débiles y contra la injusticia. Y, aquí también, en esta segunda parta, el homenaje y la celebración continúan presentes, en la emotiva oda a Andalucía o “Balada de las ocho hermanas”, en la entrañable oda a “Andrés Iniesta”, el héroe callado, o el antihéroe, y el emocionante poema “Rumor de agua redonda”, dedicado a un gran poeta, a un excelente amigo, a Ramón García Mateos, que estuvo aquí, hará unos tres de años, hablando de la luz en la poesía de Jesús. Esta segunda parte se cierra con el poema “Alta esquina del aire”, que, además de darle título al libro, finaliza con dos versos que poseen una enorme fuerza expresiva y plasman una verdad tan rotunda como el silencio que pervive a cada extremo de nuestra vida. Me van a permitir que los lea:

“En la llanura el hombre desolado

y la muerte a ras de tierra, ¡tan a mano!”

            Y la tercera parte, la última, es la gran traca final. “El aire de los besos” es el apartado que reúne todos los poemas premiados desde, yo diría que en su inmensa mayoría, la publicación de Continuidad de la luz. Poemas todos ellos premiados, y muchos de ellos en premios de gran enjundia como el de las Justas Poéticas de Dueñas, el Blas Infante o el Jaime Gil de Biedma. Y me gustaría destacar este último, el Gil de Biedma, con un poema “Vino la muerte y se instaló en sus ojos”, que sigue en la línea de homenajes que nos brinda este poemario. Un poema que recoge los nombres de muchos poetas fallecidos de manera prematura, poetas que no pudieron dejarnos un legado aún mayor porque la muerte les sorprendió cuando aún tenían muchas cosas por vivir y por escribir. Un poema que, si Jesús se llamase, por ejemplo, Luis García Montero, estaría en muchas antologías de poesía española. Y no lo descarto, tiempo al tiempo. Nadie mejor que el tiempo para poner cada cosa en su lugar.

            Encontraremos un hermoso canto a la tierra castellana, a la tierra natal de Jesús, el homenaje a Lorca, en “Ciudad de luna y de llanto”, en un poema muy lorquiano; o “La vida escrita”, otro poema dedicado a Ramón García Mateos que, en cierta manera, entronca, en lo metapoético, con el poema “Vino la muerte y se instaló en sus ojos”. Y el hermosísimo, y emocionante, “Palabras para una ausencia” dedicado a Almudena Grandes. Del que, si me lo permitís, desearía leer la última estrofa:

Apenado y solo recojo sal de llanto, palabras;

palabras tuyas, de ellos, de todos los que han sido

sobre la tierra nuestra, palabras para sobrevivir

al dolor de tanta ausencia, tanta humillación,

tanta derrota, tanta luz apagada, al dolor,

tú lo sabes bien, de ser mujer o poeta.

            Todos estos poemas, estos grandes poemas, tienen la enorme capacidad de ser espléndidos tanto formalmente, como estilísticamente, como en el plano humano, como en el de la emoción auténtica.

            Estamos pues, sostenemos en nuestros manos, un libro con poesía de gran altura, humana y poética. Estos poemas, jugando con el título, nos llevan a la más alta esquina del aire, a lo más sublime, al territorio donde la palabra se hace vuelo para expandirse por el territorio de las emociones más auténticas. Aquellas que, indiscutiblemente, nos hacen más humanos y mejores personas. 

            Empecé esta presentación diciendo que este libro es un homenaje a la poesía y a la amistad, que es un canto a la celebración de vivir y todo lo que ello supone. Así que, con estas últimas palabras, os invito a escuchar los poemas de Jesús Pico Rebollo, os invito a leer todos los poemas de este libro, os invito a celebrar el nacimiento de este libro, a rendirle homenaje al hombre, al poeta, al hermoso mundo que nos deja Jesús, en este libro, como legado.



jueves, 18 de junio de 2026

Poetas de vida breve. 21 Andrea Hollenberg

 Permitidme recordar a los derrotados que descubrí en otro idioma nuestro

nutriendo una antología* de poetas, muertos a una edad nada provecta

—Héctor, Andrea, Ismael, Anna, Toni, Àlex—,

cada cual con su trágica muerte y su circunstancia a cuestas.



Andrea Hollenberg (La Plata, Argentina, 1970 - Tarragona, 2000)

Murió en accidente de coche mientras viajaba con su compañero Joan Fuster.

Publicó dos libros antes de trasladarse a Barcelona:

El otra La Platas, (1990) y Pasos de Arrabal (Buenos Aires, 1991)


 FOTOGRAFIA

Cinc d'agost de dos mil. Tan lluny i tan

a prop, quan tinc entre les mans la teva

imatge d'una tarda, i em destria 

un moment i es fa un lloc enmig de tants

records i de tants mesos que hem

viscut al dia sense haver tingut

prou temps per fer d'historiadors: fer talls,

trobar les causes, i crear un discurs

que ordeni tots els fets y faci lògiques

les nostres actituds. Potser aquest mes 

de tardor ens ofereix la llum que és justa

per comprendre'ns, i no es fereix els ulls

el sol d'agost que sempre ens devorava,

com un gos famolenc, lleó cruel.

La mà allargada enmig de l'objectiu

i de la teva cara, un gest cap a un

costat —de qui no vol fotografies

que li retornin una dona en qui

no creu—, t'han fet sortir borrosa i sense

rostre, i podré imaginar-te tothora

com el dia que en feies vint-i-quatre.

Sempre seràs qui podré recordar,

fins a aquell dia en què em veuré incapaç

de refer-te la cara, i quan després

no voldré fer-ho i no em farà cap mal.

Però fins aleshores he de veure

com s'ha de buidar el cel amb nit de pluja,

i moltes passejades sense nord

per la ciutat m'han de portar aquell temps

que els semàfors vermells eren fets per besar-nos.

El poema FOTOGRAFIA pertenece al poemario inédito Els fragments de la tarda.

                        No he encontrado ninguna imagen de la malograda autora.


*Els derrotats Antologia de poetes morts. Jordi Julià

Premi de Poesia "Estabanell y Pahisa" y Energía S.A.

Omnium Cultural - Vallès Oriental 2002

viernes, 12 de junio de 2026

EL MAR EN MI POESÍA



El primer recuerdo que tengo del mar es de la bahía de la Concha. Tenía once años y mi hermana, que por aquel entonces trabajaba en San Sebastián me llevó a pasar un fin de semana a la bella Easo desde la localidad vizcaína donde estudiaba primero de bachiller. Posteriormente descubrí el Atlántico cuando hacía la mili en Galicia. Para entonces ya había publicado mi primer libro, Orto. En él, el mar cobraba protagonismo en varios poemas. Pero no era yo gran conocedor de mares y océanos como no fuera a través de la literatura o del cine. Había leído Marinero en tierra y algunos poemas marinos de Neruda y de la Antología de Poesía Contemporánea de Gerardo Diego como aquel de Manuel Altolaguirre que comienza

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

y que claramente sirvió de inspiración para mi poema

 

BARCA

 

Huesos calcinados

que un día surcasteis la mar

rompiendo el sol.

 

Armazón que tenías

labios verdes, nombre de mujer

y una mano blanca diciendo siempre adiós.

 

Nao capitana,

marinos de sueños,

niños mariscadores cosquilleando tu vientre.

 

Te estremeces de azul cuando se posa,

plegando velas, una gaviota húmeda

y gotea mar en tu quilla sin color.

 

Cuando el mar y la noche se acuestan

a tu desamparo arriba

la brisa que nace de su abrazo latente.

 

Sé que estás herida de nostalgia y celos,

pero yo he visto barcas asesinadas

que nunca besaron al mar.

                                           (Orto, 1979)


Pescadores y marineros pueblan los versos de estos primeros poemas. Véase el titulado

 

LLANTO

 

Están llorando sangre

los pescadores.

La mar mece su barca

como una cuna.

La mar es una madre,

abre su vientre.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

los pescadores

 

y la mar boca arriba

está llorando,

está llorando peces

sobre la barca.

 

Ya se fueron en sangre

los pescadores.

El mar vino gritando

de madrugada.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

madres y esposas.

                               (Orto, 1979)

 

o, en la misma línea, éste tan breve:

 

SOLEDAD DE LOS PUERTOS

 

Soledad a la orilla del mar.

 

Soledad Sola da un beso a una ola.

 

¡Ay si fuera espuma, si sirena

fuera!

 

Más no. Es Soledad Espera.

 

Soledad de los puertos,

que ya el marino ha muerto.

                                                       (Orto, 1979)



El juego literario entre el mar y la mar, también está presente en varios poemas:

 

GOLPEADO POR EL MAR

 

Golpeado por el mar.

Jirones de mi carne

en los acantilados cuchillos.

Naufragio letal,

labios, versos a la deriva.

Olas látigos,

vorágine negra.

Boca vientre

acechando en las aguas,

oscuro, invisible tridente

desgarrando mis venas,

dudas lanzas

desmantelando mi alma.

 

Sanado por la mar.

Espumas vendas,

cabrillas cicatrices,

yodo besos,

una enorme lengua

lamiendo mis heridas,

tendido cara al cielo

en las arenas del alma.

 

Golpeado por el mar.

Sanado por la mar.

Golpeado, sanado,

como círculo vicioso,

un trance consentido,

un estado que el mar,

la mar —¿qué importa?—

un día quebrantará.

 

Asesinado por…

                               mar.

                                       (Orto, 1979)

 




En  mi segundo libro De donde nace el viento, el mar deja de aparecer, aparte de algunas referencias, hasta que se torna protagonista en el poema titulado

 

MUERTE

 

                      Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

                                       Federico García Lorca

 

En el mar también hay buitres.

La sal conserva los cadáveres.

 

Tritones en celo engendran tempestades.

Marea de luna llena hasta las casas llega.

El oleaje arrastra mujeres en cinta

y comen las gaviotas peces niños.

 

Las lágrimas caen al agua.

Los suspiros van al viento.

Viento hecho de algas nos arrastra.

 

Los peces comulgan la última luna.

Hay peces debajo de las camas,

peces muertos, agónicos delfines en la habitación del recuerdo.

 

La sangre es de mil colores en la tarde, eterna agonizante.

Agonía de marinos que nunca vieron la mar.

Esqueletos sin rumbo en un mar de cenizas

que les ciega las cuencas vacías.

 

Desolación del mar sin horizonte.

Campo de batalla tan inmenso

como estos días grises y yo mismo.

 

¿Y después de la mar?

¿Daré la vuelta al Globo y encontraré mi estela?

¿Seré pez de los abismos con luz propia?

¿Seré mástil del último naufragio flotando a la deriva?

 

El agua sólo es agua.

Una gota es olvido en la mar.

                                               (De donde nace el viento, 1989)


 

Pero mi mar por excelencia es el Mediterráneo, cuyo litoral he recorrido desde Girona hasta Cádiz. Es el mar que está presente en poemas de madurez como Pentadrama mediterráneo que aparece en Continuidad de la luz y al cual pertenecen estos sonetos:

                          I 

                                                         Cerca del mar

 porque yo nací en el Mediterráneo

JOAN MANUEL SERRAT

 

Y frente a ti de nuevo, mar tan mío,

cielo antiguo de ánforas y de dioses,

tachonado de islas, velas, adioses

como nubes blancas de azul y frío,

 

llevo mi amor al fondo como un río

y dejo en tus arenas las pisadas,

breves sueños de eternidad, borradas

por espumas de sol y escalofrío.

 

Navego por tu tiempo cual navío

que siente en su velamen la caricia

de tus dedos de viento y de codicia

meciendo blandamente su extravío.

 

Dentro de ti me entierro, en ti me embriago

cuando en calma estival te finges lago.

 

                      V 

                                         El mar

                                         que se cierra y se abre

                                         como un libro con páginas de espuma,

LUIS GARCÍA MONTERO

 

Revestido de plástico y despojos,

camposanto de sueños y quimeras,

rota mentira azul, dime qué esperas,

dímelo, mar, mirándome a los ojos.

 

Y rómpeme la cara con los rojos

pespuntes de tragedias marineras.

Alíviame hasta el alma con salmueras

y aviéntame el amor por tus rastrojos.

 

Y llévate los versos que te escribo

pues que tú vivirás cuando yo muera,

caballo de la espuma, dios altivo

 

descendido a la altura de pradera

porque ponga mi pie sobre tu estribo

jinete de la luz más pasajera.

                                               (Continuidad de la luz, 2022)



En Orento aparece el mar como un paisaje castellano en Romance marinero de Castilla que comienza así:

 

En rebaño de nubes surcan mares

desdeñosos de azul y lejanía

bajeles con las velas desplegadas,

incendiadas barcazas se aproximan

al rojo acantilado del ocaso

donde una tarde más naufraga el día,

ufano es sus mareas es el cielo

un negro cobertor que el frío habita,

dormidas en su fuego las estrellas

sueñan voces remotas de vigías

y oscurece, sereno y apacible,

el mar, todo de tierra, de Castilla.

 

Es un largo romance heroico que en 2011 obtuvo el primer premio en un certamen literario que organizaba el Centro de Castilla y León de Barcelona.


En Mi corazón y el mar redundo en el tema desde una óptica más personal con una serie de poemas que tienen su continuación en mi último libro Alta esquina del aire.

 

MI CORAZÓN Y EL MAR

 

                Hacia el Oeste está mi corazón

                                                               JOSÉ LUIS PUERTO

 

I

Yo busqué un mar donde acaso lo hubo,

en las áridas planicies desiertas de la aurora

donde un vestigio aflora de vida tan antigua

que hace triste y pequeña la soberbia del hombre.

Yo busqué un mar oteando las nubes,

velas blancas de adioses,

en las tardes tranquilas cuando el viento traía

desgajados recuerdos, olvidos primigenios.

Me supe náufrago bajo olas de lluvia

y nauta de sueños en presentidos océanos.

Espumas modeladas en arcilla,

varaderos de piedra y ocultas caracolas

decían su nostalgia al agua de los ríos.

Crecí mirando al cielo que besaba los mares

con sus labios de sol

en lejanas auroras e incendiados ocasos.

Pero no sentí en la boca el sabor de la noche,

el regusto de sal de un desierto marino,

la agria bocanada oscura de los vientos.

Ni supe de los puertos donde regresa siempre

el tiempo con sus barbas salpicadas de escamas,

ni de islas que crecen quebrando el horizonte,

ni de arenas vírgenes donde pone la tarde

su dorado rubor, ni de tumbas de agua

cuando dejan las olas un cielo de cipreses.

Y sin embargo busqué el mar.

Busqué el mar porque en mi sangre

naufragaba la vida.

                                (Orento, 2015)

 

Años llevo acompañándote, mar,

sintiendo en la piel la cólera

férrea de tus dedos crispados,

la suave caricia de tu vientre

en mi vientre, halando redes

remendadas de tristeza y soledad,

tomando de tu boca,

al caer de la tarde, peces como besos

para multiplicar mis manos,

compartiendo en un relámpago súbito de delfines

esa felicidad que a veces me salta de los ojos.

Años, mar, contemplando

el peine de las barcas tornar de madrugada

mientras gime la luna su vacío de agua

y se inundan de ausencia bocanas y ventanas,

tus domingos poblados de cruceros y gente que otea el horizonte,

las banderas de espuma, los rejones de oro,

tus jirones de niebla

cuando copias del cielo los colores más tristes.

Dolido por la muerte que lanzamos,

ingenuos o arrogantes,

como se lanzan cabos desnudos y sin norte,

nombrándote cementerio de ilusiones y objetos

que a veces nos devuelves transformados en perlas;

abrumado entre bañistas, tristemente perdido,

vago, mar, contemplándote.

Contado por veranos los años de mis hijos

y ahora por otoños los años que he olvidado

busco playas vacías y calas que no existen

porque he visto como mueren los nombres

que un día fueron piel en la madera que te surcaba,

ilusión, esperanza, un grito de existencia

y hoy sólo son vestigios,

huesos perforados de salitre,

entre cadáveres de conchas

y escamas de sirenas

que olvidas en los puertos pequeños y nostálgicos.

Años llevo, mar, poniendo tu música

a mi canto, veleros a mis versos,

rasgándome el corazón picoteado de gaviotas

y sintiendo tu sangre por mis venas abiertas como surcos,

teniéndote tan cerca

que puedo confundir tu sudor y mis lágrimas.

 

Tan cerca, sí, tan cerca

y, sin embargo, mar, tan ignorado.

                                                       (Alta esquina del aire, 2026)

 


Ciudad frente al mar quiso ser un poemario de amor que quedó finalista en 2012 en el certamen de poesía amorosa Sexto Continente bajo el título de Ciudad marina, germen de alguna manera de Los nombres del agua, libro que fue premio Amantes de Teruel en 2020.  

 

CIUDAD FRENTE AL MAR

 

IV

 

El mar cuando me miras se mece en tus pestañas,

propician sus mareas las lunas de tu pecho,

rodea tu cintura como una isla sin tiempo,

me presta su oleaje para lamer tus playas

y romper contra el cantil moreno de tus piernas,

crece hasta la aurora soñada de tu pelo.

Se resuelve en espumas, deja un olor oscuro

de tiempo detenido y pone por la noche

lunada de tu cuerpo un ensueño de perlas.

 

Tiene rumor de llanto el mar cuando me hablas,

tiene rumor de risas, de auroras imposibles

y pinos que se mecen en un lento temblor de mudos escorpiones.

 

Y tiene, cuando te alejas con el bronce de la tarde

sobre tus hombros desnudos, un vago estremecimiento,

un recuerdo azul reproducido en sus espejos.

                                                                       (Orento, 2015)      



MALVARROSA

(Inicio de la dicha)

 

Aquí fue la noche y la arena bajo los pies.

Aquí me disputó el mar el tacto de tu piel,

las escamas de tus días, el apagado rumor

de la lengua en cavidades de espuma

por primera vez.

Aquí apreté mi cuerpo contra el tuyo

y lamí la sal de tus labios,

descubrí radas imposibles en tus axilas

e infinitas arenas donde varaba el deseo

como una ballena lívida en la noche de fuego.

Aquí estreché tu cuerpo contra el mío

y abrí el camarote de la dicha

para navegar después por tantos mares,         

cómplices y extenuados.

Aquí volvemos, sin pisar ya la arena,

a pasear recuerdos. La mano

busca aún entre la brisa

el tacto frutal de la lujuria.

                                          (Los nombres del agua, 2020)

 

ISLAS GRIEGAS

                

Como un dálmata azul moteado de blanco

el Egeo tendido responde a nuestros besos,

zalamero y ardiente nos mece blandamente

al amor que dejamos cada noche en las sábanas

de la aurora y la historia renaciendo por siempre

al paso entrecortado de tu proa y mis remos.

 

Poseo el agua, el fuego, el verso,

aquí, donde la historia se disgrega,

azul y blanca, por los ojos de asombro,

pero no los domino, no soy dueño de nada,

el tiempo y las cenizas señorean mi pelo,

no es mío el aire que respiro

ni el amor que te tengo, el amor, es un decir,

para sentirme libre bajo

la atenta mirada de los dioses

cuando conquisto tu cuerpo como vino,

como salvaje mar en calma

en la noche sin fin y antigua de la historia.

                                                                    (Los nombres del agua, 2020)

                                                                       


Resumiendo, el mar aparece en mi poesía como un ente masculino que devora barcos y marinos y al mismo tiempo es una madre que abre su vientre para alimentar a los hombres que habitan junto a ella. Luego pasa a ser recuerdo de un mar primigenio que las tierras emergidas alejaron y, a la vez, metáfora de la grandeza perdida en
la ancha aridez de Castilla. Termina siendo paisaje de playas y puertos proclives al amor. Y un punto de encuentro de poetas reunidos cada año en Salou, Barcelona, Málaga… en la idea hecha realidad de Mari Pau González que ha dado en llamarse Poetas de la mar.


Aquí enlace al vídeo Llanto, interpretado por Alfredo González Vilela.


ALTA ESQUINA DEL AIRE, palabras de José luis García Herrera, poeta

Si me conocéis, física o virtualmente, no ignoráis que Alta esquina del aire ( Parnass , 2026) es mi último libro publicado. El pasado 17 de...