viernes, 11 de septiembre de 2026

Poetas de vida breve. 34 Javier Egea

 

Me duele Javier Egea definitivamente imbuido de otra sentimentalidad




Javier Egea (Granada,1952-1999), considerado uno de los poetas españoles más importantes de los años ochenta, fue uno de los fundadores del movimiento poético La otra Sentimentalidad  Se quitó la vida los 47 años, volándose la cabeza con una escopeta de caza.



¿Qué luz extraña, dime, ha poblado este cuerpo...


¿Qué luz extraña, dime, ha poblado este cuerpo
repetido en portales, escaparates, brumas,
ingenuo paseante de la ciudad, hermano,
caminante del mismo aturdimiento
que estos siglos de expolio pusieron en los ojos,
qué luz extraña, dime,
hay en la soledad y en la memoria?

Así nos fuimos viendo nítidamente fríos,
enfrentados,
de una margen a otra de la calle en ruinas,
con la clarividencia de los obreros viejos
que abanderan los pasos del taller a la muerte
aprendiendo el futuro.

Sobre nosotros pasan los balcones cerrados,
las farolas con frío,
los aleros mellados y este viento,
como un enjambre inhóspito,
y la piel de la tierra huele a ropa quemada,
mas tiritan los huesos
y hay tan sólo el calor de la sangre que alumbra
desde el abrazo grande de tu fuerza y la mía.

Es cierto que la historia
nos condenó a las calles ateridas
y no el azar que llega maldito restallando.

¿Qué luz extraña, dime,
hay en la soledad y en la memoria?
Hoy supimos, mirándonos las manos,
a pesar del estrago y las ojeras mustias,
al fin reconocidas,
que siempre es tarde, siempre, para volver a casa
como se vuelve al sitio de las túnicas rotas,
de las máscaras frías,
del polvo atrincherado,
de los andrajos de la luz.


Sonetos del Diente de Oro


          
                                                       A Andrea y Juan

 

Alguien huye desnudo por los fríos pasillos

de un hotel sin estrellas. Hermosa, junto a él,

una desanillada serpiente cascabel

muestra la baba roja que brilla en sus colmillos.

 

A la 301 llama con los nudillos

secos. Del ventanuco alzado en el dintel

llegan ecos de ondas de radios de babel

y una neblina densa de dulces cigarrillos.

 

Vuelve a llamar. Se inquieta. Un ebrio taconeo

anuncia la sorpresa de una rubia platino

que ahora muerde los labios del huésped importuno.

 

Alguien bífido lame la mancha del deseo.

Alguien firma en el libro: Simbad el Asesino.

Alguien que no esperaban en la 301.


 Cuando dijiste ¡basta! era diciembre

Cuando dijiste ¡basta! era diciembre
y sólo tú templabas el vacío.

Pensé que nada estaba,
que se perdió contigo la llave de la vida.

Después miré a la calle
y era la misma puerta para todos:
la vida no existía.

Desde el mismo cerrojo
la herrumbre del expolio nos miraba.




Entre cuatro paredes

                                            "Ellos los vencedores"
                                                             Luis Cernuda



Entre cuatro paredes
comenzaba la noche del asedio

Ellos, los asesinos,
alentaban la larga collera de los perros.

El hambre por las sábanas
se agazapaba oscura como un cepo.

Ellos, los asesinos,
nos pusieron el pan sobre unos ojos bellos.

Fuimos muriendo todos
hasta que todo se volvió desierto.

Ellos, los asesinos,
vigilaban la caza del amor en silencio.




La casada infiel

                                         "con la pasión que da el conocimiento"
                                                                             Jaime Gil de Biedma

Hoy está triste el juglar
sólo canta para ella,
que también la juglaría
tiene parte en la tristeza.
Sepan que de mal de amores
nadie está libre en la tierra.
Demasiado enamorado
-aunque ya no pueda verla-
y demasiada pasión
esta noche de tormenta,
el juglar siente en sus manos
caer el agua y la sueña.
Sueña que ve su sonrisa
-de labio a labio le tiembla-
cruzar las calles sin medio,
poner el asfalto en siembra,
hacer libre el corazón,
bajar del sueño la fiesta,
abrir los brazos de un mundo
que es otro cuando se acerca,
adelantada de abril
y la nueva primavera.
Hoy está triste el juglar,
pues es con ella que sueña.
y le reconoce al tacto
la luna de sus caderas
cuando ya, ciego en Granada,
la noche toma las riendas
y uno, sin luz, dice en versos
las soledades eternas.
Hace ya tiempo, señores,
que el juglar no puede verla,
pero a pesar de sus ojos
entre la lluvia le espera.
¿Quién le trae un lazarillo
para buscarla en la niebla?
Le canta a los cuatro vientos
y nunca halla respuesta.
Llévenle mientras el alba
un poco de buena yerba.
Den la mano a este juglar
cansado que la recuerda.
Por hoy cesa en la romanza,
perdónele su clientela:
él es un juglar de ésos
que a veces rompen las cuerdas,
de los que han amado tanto,
que diría Gil de Biedma.
Hoy está triste el juglar,
sólo canta para ella.
Se me fue con su marido,
pero yo sigo queriéndola.




Paseo de los tristes

Entonces,
                     en aquella ciudad
o en la intuición primera, vaga, de su cuerpo,
el pensamiento aún flotaba en bucólicos careos,
en versos aprendidos sin historia
y no era posible amar
entre unas calles donde todo era sucio,
carne sin brillo,
cuando aún en el mar, la nube y las espigas
sin historia y sin tiempo, vanos,
estábamos durmiendo
                                              o ignorando
esa gota de sangre que cuelga del amor
-su blanco cuello herido-,
ignorando la clase oscura en que nacimos,
sin consciencia de naves hundidas,
de rubios náufragos,
condenados a vivir una historia perdida
de explotación y soledad, de muerte enamorada,
sin saberlo.

Y sin embargo,
entre los autobuses, el gentío,
en la dulce ignorancia,
fue creciendo una luz
que nos hizo sentir un crujido brillante
después que allí, en la sórdida pensión
donde siempre se asilan viajeros sin destino,
gentes oscuras,
en un lugar sin esperanza,
dos cuerpos se sintieron indefensos
sudando en el asombro de la primera felicidad.


Noche canalla

Yo no sé si la quise pero andaba conmigo,
me guiaba su risa por la ciudad tan gris.
Ella tenía en su boca colinas de Ketama
y el cielo de sus ojos me pintaba de añil.

Yo vi tantas estrellas como ella puso siempre
en aquel cielo raso como un paño de tul.
Ella llevaba el pelo como la Janis Joplin
y los labios morados como el Parfait-Amour.

La he perdido en un bosque de jeringas brillantes
por donde nos decían que se llegaba al mar;
se fue sobre un caballo de hermosos ojos negros,
por más que yo me muera no la podré olvidar.

Bajo el cielo ceniza me conducen mis piernas.
Esta noche no tengo ni esperanza ni amor.
Sólo queda el calor de mi pobre navaja.
Hoy me he visto la cara de un retrato-robot.

A pesar de sus ojos he salido a la calle,
a pesar de sus ojos me ha tocado vivir .
En un barrio de muertos me trajeron al mundo.
Esta noche canalla no respondo de mí.



Espumas de la escollera

                                                                         A Rafael Alberti

                                                           Si Garcilaso volviera,
                                                           yo sería su escudero;
                                                           que buen caballero era"

                                                                              Rafael Alberti

Espumas de la escollera,
Puerto de Santa María,
si Garcilaso volviera
yo sé que preguntaría
por su joven escudero
que quiso ser marinero
y se quedó en tierra un día.
Si Garcilaso volviera
seguro que encontraría
sus armas tan bien veladas
que entre claveles y espadas
le entregaría su arnés
y el luminoso vigía
del pueblo de la poesía
yo sé que respondería:
¡qué buen camarada es!




viernes, 4 de septiembre de 2026

Poetas de vida breve. 33 Eduardo Hervás

Me duele Eduardo Hervás que descubrió en el gas la contracultura de los fluidos y la poesía de la materia,


Eduardo Hervás (Valencia,1950–1972) cuyo nombre es Eduardo Gómez González, se considera uno de los grandes poetas malditos y contraculturales de la generación de los 70. Casi el mismo día en que apareció Intervalo optó por abrir la espita de gas para despedirse de este mundo. Tenía 22 años.

 



                                                  No sé si asistiré a las bodas

                                        de King Kong. Hoy

                                         he recibido la noticia

                                        de su muerte. - Y se fue andando

por la capota de los coches. El mundo es de papel, y él un

cigarrillo.

               Gritos bajo asteriscos. El tigre tose.



Faltaba un ángel para que seamos nueve

y la bengala lavada en lumbre pique

nocturnamente los cristales de barritas

de baba incandescente donde la estilográfica

continúa como extranjera entre las blancas valvas

termómetro de los cascos acuosos: cesan

sueños sin sueños en aristas se ondula el eco

con un ahogo de hachas ocupan azules cementerios

los cíclopes tigrean raíces del insomnio a los goznes.




mi memoria mirando su materia
música madre amigo
mierda sin nsombre mueve nuestra matriz
mutación muda de n¡misterio - metáfora sin meta
masa de máscaras mamando de sus marcas


mediodia de meditación
máximo mar máximas mitades
mesianoche del modo
monedas minadas
en medio
mi materia mirando su memoria
en miedo
moral mudada: música, muslos - muerte
/muerde/



HERIDAS CALIGRÁFICAS

Arco quebrado:
dorado recorrido
entre los gajos:

Lejana carne amoratada:
tierra cubierta
por las estelas de los pumas:
el viento herido de equilibrio.

Racimos grises enormes pesados
sueltan su lluvia
sobre la colcha de tus padres.

Lejana carne amoratada como
en el tiro al blanco
eres tan quebradiza




sábado, 29 de agosto de 2026

Poetas de vida breve. 32 Félix Francisco Casanova

 

Me duele el Rimbaud canario, Félix Francisco Casanova

Félix Francisco Casanova (1956-1976), considerado poeta maldito, pese a su corta vida dejó una obra asombrosamente madura, intensa, original y extraña. Su muerte, a los 19 años, se debió a un escape de gas mientras se bañaba en su domicilio.



PROVERBIO YANKEE

Las fotografías
de hermosos jóvenes muertos
en trajes de baño
son casi siempre
el más perfecto
de los recuerdos.


SÍNDROME Nº3

Los relojes me quieren mal,
como al hacer el amor por dinero
me venden un tiempo gastado,
una botella que sólo guarda
el perfume de su licor.
Y así, un vaso de fiebre,
un largo termómetro
como el brazo pálido de un muerto,
me hunden en los sueños sin retorno,
me arrancan el rostro como a un derrotado boxeador.


ERES UN BUEN MOMENTO PARA MORIRME

Amaneciendo y anocheciendo
a un mismo tiempo,
cariño, ¿no es ésta la forma
en que te gustaría vivir?
En mi cabeza hay un álbum
de fotos amarillentas
y lo voy completando con mis ojos,
con los más leves ruidos,
atrapando olores en el aire
y en cada sueño que sueño.
¿Sabes una cosa, pequeña?
La última página de mi álbum
tiene tu boca lluviosa mordiéndome un labio,
un disco de rock’n’roll
y calcetines de colores.
Mis ojos han sido rápidos,
te he hecho el amor con la ropa puesta
a través de una
larga pajita dorada
mientras cruzabas la calle
con el cabello ardiendo.
Pero ahora son tus pies
quienes dan mis pasos,
¡así que no te equivoques
pues me caería!
Te bebo en cada vaso de agua
que sacia mi sed,
mis palabras son claras como niños pequeños
o espesas como semen empapando cortinas,
pero hoy tengo que inventar
un nuevo idioma
para conversar con tus tiernos maullidos eléctricos
y los gritos de euforia
de la gente que vive en tu cabeza.
Debes saber que a veces
soy como un entierro interminable,
siempre triste y azul
subiendo y bajando
por la misma calle.
Pero otras veces soy un río de risa
corriéndome por toda la ribera,
haciendo el amor a la mar,
una felicidad contagiosa,
un revólver de amor, nena,
y voy a disparar justo a tu corazón
¡bang, bang!
¿te di?
Quiero arrollarte, enrollarte y arrullarte,
montaña de aguardiente
y tarde rojiza.
Eres un buen momento para morirme.


sábado, 22 de agosto de 2026

Poetas de vida breve. 31 Alejandra Pizarnik

Me duele Alejandra, Norma Jean de la poesía.


Alejandra Pizarnik (1936-1972), tuvo una vida difícil debido a múltiples factores. Se suicidó a los 36 años ingiriendo una sobredosis de barbitúricos. 


EL DESPERTAR

                      A León Ostrov

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y se ha volado
y mi corazón está loco
porque aúlla a la muerte
y sonríe detrás del viento
a mis delirios

Qué haré con el miedo
Qué haré con el miedo

Ya no baila la luz en mi sonrisa
ni las estaciones queman palomas en mis ideas
Mis manos se han desnudado
y se han ido donde la muerte
enseña a vivir a los muertos

Señor
El aire me castiga el ser
Detrás del aire hay monstruos
que beben de mi sangre

Es el desastre
Es la hora del vacío no vacío
Es el instante de poner cerrojo a los labios
oír a los condenados gritar
contemplar a cada uno de mis nombres
ahorcados en la nada.

Señor
Tengo veinte años
También mis ojos tienen veinte años
y sin embargo no dicen nada

Señor
He consumado mi vida en un instante
La última inocencia estalló
Ahora es nunca o jamás
o simplemente fue

¿Cómo no me suicido frente a un espejo
y desaparezco para reaparecer en el mar
donde un gran barco me esperaría
con las luces encendidas?

¿Cómo no me extraigo las venas
y hago con ellas una escala
para huir al otro lado de la noche?

El principio ha dado a luz el final
Todo continuará igual
Las sonrisas gastadas
El interés interesado
Las preguntas de piedra en piedra
Las gesticulaciones que remedan amor
Todo continuará igual

Pero mis brazos insisten en abrazar al mundo
porque aún no les enseñaron
que ya es demasiado tarde

Señor
Arroja los féretros de mi sangre

Recuerdo mi niñez
cuando yo era una anciana
Las flores morían en mis manos
porque la danza salvaje de la alegría
les destruía el corazón

Recuerdo las negras mañanas de sol
cuando era niña
es decir ayer
es decir hace siglos

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
y ha devorado mis esperanzas

Señor
La jaula se ha vuelto pájaro
Qué haré con el miedo



CENIZAS

La noche se astilló de estrellas
mirándome alucinada
el aire arroja odio
embellecido su rostro
con música.

Pronto nos iremos

Arcano sueño
antepasado de mi sonrisa
el mundo está demacrado
y hay candado pero no llaves
y hay pavor pero no lágrimas.

¿Qué haré conmigo?

Porque a Ti te debo lo que soy

Pero no tengo mañana

Porque a Ti te…

La noche sufre.

 


El miedo


En el eco de mis muertes
aún hay miedo.
¿Sabes tú del miedo?
Sé del miedo cuando digo mi nombre.
Es el miedo,
el miedo con sombrero negro
escondiendo ratas en mi sangre,
o el miedo con labio muertos
bebiendo mis deseos.
Sí. En el eco de mis muertes
aún hay miedo.

  1. La última inocencia

    Partir
    en cuerpo y alma
    partir.

    Partir
    deshacerse de las miradas
    piedras opresoras
    que duermen en la garganta.

    He de partir
    no más inercia bajo el sol
    no más sangre anonadada
    no más formar fila para morir.

    He de partir

    Pero arremete, ¡viajera!


domingo, 16 de agosto de 2026

Poetas de vida breve. 30 Alfonsina Storni


Me duele Alfonsina, leyenda ya del Mar del Plata



Alfonsina Storni (1892 - 1938) dicen que se internó despacio en las aguas del Atlántico, en Mar del Plata cuando tenía 46 años.



SILENCIO


Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
dulce como en los sueños de la tarde que llueve.
Un día habré logrado el sueño vespertino,
el sueño bien amado donde acaba el camino.
Será una tarde llena de dulzuras celestes,
con pájaros que callan, con tréboles agrestes.
¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta:
cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta!
Una luz tamizada que bajando del cielo
me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo.
Una luz que en el alma musitara despacio
la vida es una cueva, la muerte es el espacio.

 


EPITAFIO

 

Aq.uí descanso yo, dice «Alfonsina»
en epitafio claro, al que se inclina.

Aquí descanso yo, y en este pozo,
pues que no siento, me solazo y gozo.


VOY A DORMIR (su despedida, antes de suicidarse)

 

Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierba, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.

Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame.
Ponme una lámpara a la cabecera;
una constelación, la que te guste:
todas son buenas, bájala un poquito.

Déjame sola: oyes romper los brotes…
te acuna un pie celeste desde arriba
y un pájaro te traza unos compases

para que olvides… Gracias. Ah, un encargo:
si él llama nuevamente por teléfono
le dices que no insista, que he salido…



Tú me quieres blanca

Tú me quieres alba,
me quieres de espumas,
me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada .

Ni un rayo de luna
filtrado me haya.
Ni una margarita
se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
tú me quieres blanca,
tú me quieres alba.

Tú que hubiste todas
las copas a mano,
de frutos y mieles
los labios morados.
Tú que en el banquete
cubierto de pámpanos
dejaste las carnes
festejando a Baco.
Tú que en los jardines
negros del Engaño
vestido de rojo
corriste al Estrago.

Tú que el esqueleto
conservas intacto
no sé todavía
por cuáles milagros,
me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
¡me pretendes alba!

Huye hacia los bosques,
vete a la montaña;
límpiate la boca;
vive en las cabañas;
toca con las manos
la tierra mojada;
alimenta el cuerpo
con raíz amarga;
bebe de las rocas;
duerme sobre escarcha;
renueva tejidos
con salitre y agua:

Habla con los pájaros
y lévate al alba.
Y cuando las carnes
te sean tornadas,
y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada,
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta.





Poetas de vida breve. 34 Javier Egea

  Me duele Javier Egea  definitivamente imbuido de otra sentimentalidad Javier Egea (Granada , 1952-1999), considerado uno de l os poeta s e...