Permitidme citar doloridamente a los bardos soldados
de otros tiempos y soslayada muerte, Garcilaso y Manrique...
Garcilaso de la Vega, soldado y poeta, nació en Toledo en una fecha comprendida entre 1491 y 1503.
Murió en Niza el 14 de octubre de 1536, tras ser herido de gravedad dias antes en el asalto a una fortaleza en Provenza. No tendría, pues, más de 45 años, 34 según Fernando de Herrera.
SONETO VI
Por
ásperos caminos he llegado
a parte de que miedo no me muevo;
y si ha mudarme o dar un paso pruebo,
allí por los cabellos soy tornado.
Mas tal estoy, que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
y conozco el mejor y el peor apruebo,
o por costumbre mala o por mi hado.
Por otra parte, el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años,
en su primer principio y en su medio,
mi inclinación, con quien ya no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.
SONETO X
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dulces y
alegres, cuando Dios quería! |
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Juntas estáis
en la memoria mía, |
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y con ella en
mi muerte conjuradas. |
¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?
Pues en un hora junto me llevaste
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que dejaste.
Si no, sospecharé que me pusiste
en tantos bienes, porque deseaste
verme morir entre memorias tristes.

SONETO XVI
No las francesas armas odiosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertrecho
los tiros y saetas ponzoñosas;
no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero ruido contrahecho
de aquel para Júpiter fue hecho
por manos de Vulcano artificiosas,
pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado.
Más infición de aire en solo un día
me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,
estoy aquí tan lejos de mi tierra.

SONETO XXX
Sospechas que, en mis triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano, noche y día;
ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía.
Llevadme a aquel lugar tan espantable,
do por no ver mi muerte allí esculpida
cerrados hasta aquí tuve los ojos.
Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.

SONETO CXXIX
Garcilaso, que al bien siempre aspiraste dime: ¿por qué tras ti no me llevaste Bien pienso yo que, si poder tuvieras que o quisieras honrarme con tu lado Juan Boscán |
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