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martes, 26 de mayo de 2026

Poetas de vida breve. 18 Garcilaso de la Vega

 Permitidme citar doloridamente a los bardos soldados

de otros tiempos y soslayada muerte, Garcilaso y Manrique...


Garcilaso de la Vega, soldado y poeta, nació en Toledo en una fecha comprendida entre 1491 y 1503.

Murió en Niza el 14 de octubre de 1536, tras ser herido de gravedad dias antes en el asalto a una fortaleza en Provenza. No tendría, pues, más de 45 años, 34 según Fernando de Herrera. 



SONETO VI

 Por ásperos caminos he llegado
a parte de que miedo no me muevo;
y si ha mudarme o dar un paso pruebo,
allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy, que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
y conozco el mejor y el peor apruebo,
o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años,
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.



SONETO X

 

 ¡Oh dulces prendas por mí mal halladas,

dulces y alegres, cuando Dios quería!

Juntas estáis en la memoria mía,

y con ella en mi muerte conjuradas.


¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en un hora junto me llevaste
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que dejaste.


Si no, sospecharé que me pusiste
en tantos bienes, porque deseaste
verme morir entre memorias tristes.





SONETO XVI


 No las francesas armas odiosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertrecho
los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero ruido contrahecho
de aquel para Júpiter fue hecho
por manos de Vulcano artificiosas,

pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado.

Más infición de aire en solo un día
me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,
estoy aquí tan lejos de mi tierra.





SONETO XXX

Sospechas que, en mis triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano, noche y día;

ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía.

Llevadme a aquel lugar tan espantable,
do por no ver mi muerte allí esculpida
cerrados hasta aquí tuve los ojos.

Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.



SONETO CXXIX

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,

dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?

Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras:

que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.

                          Juan Boscán







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