El primer recuerdo que tengo del mar es de la bahía de la Concha. Tenía once años y mi hermana, que por aquel entonces trabajaba en San Sebastián me llevó a pasar un fin de semana a la bella Easo desde la localidad vizcaína donde estudiaba primero de bachiller. Posteriormente descubrí el Atlántico cuando hacía la mili en Galicia. Para entonces ya había publicado mi primer libro, Orto. En él, el mar cobraba protagonismo en varios poemas. Pero no era yo gran conocedor de mares y océanos como no fuera a través de la literatura o del cine. Había leído Marinero en tierra y algunos poemas marinos de Neruda y de la Antología de Poesía Contemporánea de Gerardo Diego como aquel de Manuel Altolaguirre que comienza
Las
barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.
y
que claramente sirvió de inspiración para mi poema
BARCA
Huesos calcinados
que un día surcasteis la mar
rompiendo el sol.
Armazón que tenías
labios verdes, nombre de mujer
y una mano blanca diciendo siempre adiós.
Nao capitana,
marinos de sueños,
niños mariscadores cosquilleando tu
vientre.
Te estremeces de azul cuando se posa,
plegando velas, una gaviota húmeda
y gotea mar en tu quilla sin color.
Cuando el mar y la noche se acuestan
a tu desamparo arriba
la brisa que nace de su abrazo latente.
Sé que estás herida de nostalgia y celos,
pero yo he visto barcas asesinadas
que nunca besaron al mar.
Pescadores y marineros pueblan los versos
de estos primeros poemas. Véase el titulado
LLANTO
Están llorando sangre
los pescadores.
La mar mece su barca
como una cuna.
La mar es una madre,
abre su vientre.
Está la luna alta
y nadie duerme.
Están llorando sangre
los pescadores
y la mar boca arriba
está llorando,
está llorando peces
sobre la barca.
Ya se fueron en sangre
los pescadores.
El mar vino gritando
de madrugada.
Está la luna alta
y nadie duerme.
Están llorando sangre
madres y esposas.
(Orto, 1979)
o, en la misma línea, éste tan breve:
SOLEDAD DE LOS PUERTOS
Soledad a la orilla del mar.
Soledad Sola da un beso a una ola.
¡Ay si fuera espuma, si sirena
fuera!
Más no. Es Soledad Espera.
Soledad de los puertos,
que ya el marino ha muerto.
(Orto, 1979)
El juego literario entre el mar y la
mar, también está presente en varios poemas:
GOLPEADO POR EL MAR
Golpeado por el mar.
Jirones de mi carne
en los acantilados cuchillos.
Naufragio letal,
labios, versos a la deriva.
Olas látigos,
vorágine negra.
Boca vientre
acechando en las aguas,
oscuro, invisible tridente
desgarrando mis venas,
dudas lanzas
desmantelando mi alma.
Sanado por la mar.
Espumas vendas,
cabrillas cicatrices,
yodo besos,
una enorme lengua
lamiendo mis heridas,
tendido cara al cielo
en las arenas del alma.
Golpeado por el mar.
Sanado por la mar.
Golpeado, sanado,
como círculo vicioso,
un trance consentido,
un estado que el mar,
la mar —¿qué importa?—
un día quebrantará.
Asesinado por…
mar.
(Orto, 1979)
En mi segundo libro De donde
nace el viento, el mar deja de aparecer, aparte de algunas
referencias, hasta que se torna protagonista en el poema titulado
MUERTE
Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere
el mar!
Federico García Lorca
En el mar también hay buitres.
La sal conserva los cadáveres.
Tritones en celo engendran
tempestades.
Marea de luna llena
hasta las casas llega.
El oleaje arrastra mujeres
en cinta
y comen las gaviotas
peces niños.
Las lágrimas caen al
agua.
Los suspiros van al
viento.
Viento hecho de algas
nos arrastra.
Los peces comulgan la
última luna.
Hay peces debajo de
las camas,
peces muertos,
agónicos delfines en la habitación del recuerdo.
La sangre es de mil
colores en la tarde, eterna agonizante.
Agonía de marinos que
nunca vieron la mar.
Esqueletos sin rumbo
en un mar de cenizas
que les ciega las
cuencas vacías.
Desolación del mar sin
horizonte.
Campo de batalla tan inmenso
como estos días grises
y yo mismo.
¿Y después de la mar?
¿Daré la vuelta al
Globo y encontraré mi estela?
¿Seré pez de los
abismos con luz propia?
¿Seré mástil del
último naufragio flotando a la deriva?
El agua sólo es agua.
Una gota es olvido en
la mar.
(De donde nace el viento, 1989)
Pero mi mar por excelencia es el Mediterráneo, cuyo litoral he recorrido desde Girona hasta Cádiz. Es el mar que está presente en poemas de madurez como Pentadrama mediterráneo que aparece en Continuidad de la luz y al cual pertenecen estos sonetos:
I
Cerca del mar
porque yo nací en el Mediterráneo
JOAN MANUEL SERRAT
Y frente a ti de nuevo, mar tan mío,
cielo antiguo de ánforas y de dioses,
tachonado de islas, velas, adioses
como nubes blancas de azul y frío,
llevo mi amor al fondo como un río
y dejo en tus arenas las pisadas,
breves sueños de eternidad, borradas
por espumas de sol y escalofrío.
Navego por tu tiempo cual navío
que siente en su velamen la caricia
de tus dedos de viento y de codicia
meciendo blandamente su extravío.
Dentro de ti me entierro, en ti me embriago
cuando en calma estival te finges lago.
V
El mar
que se cierra y se abre
como un libro con páginas de espuma,
LUIS GARCÍA MONTERO
Revestido de plástico y despojos,
camposanto de sueños y quimeras,
rota mentira azul, dime qué esperas,
dímelo, mar, mirándome a los ojos.
Y rómpeme la cara con los rojos
pespuntes de tragedias marineras.
Alíviame hasta el alma con salmueras
y aviéntame el amor por tus rastrojos.
Y llévate los versos que te escribo
pues que tú vivirás cuando yo muera,
caballo de la espuma, dios altivo
descendido a la altura de pradera
porque ponga mi pie sobre tu estribo
jinete de la luz más pasajera.
(Continuidad de la luz, 2022)
En Orento aparece el mar como un
paisaje castellano en Romance marinero de Castilla que comienza
así:
En
rebaño de nubes surcan mares
desdeñosos
de azul y lejanía
bajeles
con las velas desplegadas,
incendiadas
barcazas se aproximan
al rojo
acantilado del ocaso
donde
una tarde más naufraga el día,
ufano es
sus mareas es el cielo
un negro
cobertor que el frío habita,
dormidas
en su fuego las estrellas
sueñan
voces remotas de vigías
y
oscurece, sereno y apacible,
el mar,
todo de tierra, de Castilla.
Es un
largo romance heroico que en 2011 obtuvo el primer premio en un certamen
literario que organizaba el Centro de Castilla y León de Barcelona.
En Mi
corazón y el mar redundo en el tema desde una óptica más personal con
una serie de poemas que tienen su continuación en mi último libro Alta
esquina del aire.
MI
CORAZÓN Y EL MAR
Hacia el Oeste está mi corazón
JOSÉ LUIS PUERTO
I
Yo
busqué un mar donde acaso lo hubo,
en las
áridas planicies desiertas de la aurora
donde un
vestigio aflora de vida tan antigua
que hace
triste y pequeña la soberbia del hombre.
Yo
busqué un mar oteando las nubes,
velas
blancas de adioses,
en las
tardes tranquilas cuando el viento traía
desgajados
recuerdos, olvidos primigenios.
Me supe
náufrago bajo olas de lluvia
y nauta
de sueños en presentidos océanos.
Espumas
modeladas en arcilla,
varaderos
de piedra y ocultas caracolas
decían
su nostalgia al agua de los ríos.
Crecí
mirando al cielo que besaba los mares
con sus
labios de sol
en
lejanas auroras e incendiados ocasos.
Pero no
sentí en la boca el sabor de la noche,
el
regusto de sal de un desierto marino,
la agria
bocanada oscura de los vientos.
Ni supe
de los puertos donde regresa siempre
el
tiempo con sus barbas salpicadas de escamas,
ni de
islas que crecen quebrando el horizonte,
ni de
arenas vírgenes donde pone la tarde
su
dorado rubor, ni de tumbas de agua
cuando
dejan las olas un cielo de cipreses.
Y sin
embargo busqué el mar.
Busqué
el mar porque en mi sangre
naufragaba
la vida.
(Orento,
2015)
Años llevo acompañándote, mar,
sintiendo en la piel la cólera
férrea de tus dedos crispados,
la suave caricia de tu vientre
en mi vientre, halando redes
remendadas de tristeza y soledad,
tomando de tu boca,
al caer de la tarde, peces como besos
para multiplicar mis manos,
compartiendo en un relámpago súbito
de delfines
esa felicidad que a veces me salta de
los ojos.
Años, mar, contemplando
el peine de las barcas tornar de
madrugada
mientras gime la luna su vacío de
agua
y se inundan de ausencia bocanas y
ventanas,
tus domingos poblados de cruceros y
gente que otea el horizonte,
las banderas de espuma, los rejones
de oro,
tus jirones de niebla
cuando copias del cielo los colores
más tristes.
Dolido por la muerte que lanzamos,
ingenuos o arrogantes,
como se lanzan cabos desnudos y sin
norte,
nombrándote cementerio de ilusiones y
objetos
que a veces nos devuelves transformados
en perlas;
abrumado entre bañistas, tristemente
perdido,
vago, mar, contemplándote.
Contado por veranos los años de mis
hijos
y ahora por otoños los años que he
olvidado
busco playas vacías y calas que no
existen
porque he visto como mueren los nombres
que un día fueron piel en la madera
que te surcaba,
ilusión, esperanza, un grito de
existencia
y hoy sólo son vestigios,
huesos perforados de salitre,
entre cadáveres de conchas
y escamas de sirenas
que olvidas en los puertos pequeños y
nostálgicos.
Años llevo, mar, poniendo tu música
a mi canto, veleros a mis versos,
rasgándome el corazón picoteado de
gaviotas
y sintiendo tu sangre por mis venas
abiertas como surcos,
teniéndote tan cerca
que puedo confundir tu sudor y mis
lágrimas.
Tan cerca, sí, tan cerca
y, sin embargo, mar, tan ignorado.
(Alta esquina del aire, 2026)
Ciudad frente al mar quiso ser un poemario de amor
que quedó finalista en 2012 en el certamen de
poesía amorosa
Sexto Continente bajo el título
de Ciudad marina, germen de alguna manera de Los nombres del agua, libro que fue premio Amantes
de Teruel en 2020.
CIUDAD FRENTE AL MAR
IV
El mar
cuando me miras se mece en tus pestañas,
propician
sus mareas las lunas de tu pecho,
rodea tu
cintura como una isla sin tiempo,
me
presta su oleaje para lamer tus playas
y romper
contra el cantil moreno de tus piernas,
crece
hasta la aurora soñada de tu pelo.
Se
resuelve en espumas, deja un olor oscuro
de
tiempo detenido y pone por la noche
lunada
de tu cuerpo un ensueño de perlas.
Tiene
rumor de llanto el mar cuando me hablas,
tiene
rumor de risas, de auroras imposibles
y pinos
que se mecen en un lento temblor de mudos escorpiones.
Y tiene,
cuando te alejas con el bronce de la tarde
sobre
tus hombros desnudos, un vago estremecimiento,
un
recuerdo azul reproducido en sus espejos.
(Orento, 2015)
MALVARROSA
(Inicio de la dicha)
Aquí
fue la noche y la arena bajo los pies.
Aquí
me disputó el mar el tacto de tu piel,
las
escamas de tus días, el apagado rumor
de
la lengua en cavidades de espuma
por
primera vez.
Aquí
apreté mi cuerpo contra el tuyo
y
lamí la sal de tus labios,
descubrí
radas imposibles en tus axilas
e
infinitas arenas donde varaba el deseo
como
una ballena lívida en la noche de fuego.
Aquí
estreché tu cuerpo contra el mío
y
abrí el camarote de la dicha
para
navegar después por tantos mares,
cómplices
y extenuados.
Aquí
volvemos, sin pisar ya la arena,
a
pasear recuerdos. La mano
busca
aún entre la brisa
el
tacto frutal de la lujuria.
ISLAS
GRIEGAS
Como un dálmata azul
moteado de blanco
el Egeo tendido responde
a nuestros besos,
zalamero y ardiente nos
mece blandamente
al amor que dejamos cada
noche en las sábanas
de la aurora y la
historia renaciendo por siempre
al paso entrecortado de
tu proa y mis remos.
Poseo el agua, el fuego,
el verso,
aquí, donde la historia
se disgrega,
azul y blanca, por los
ojos de asombro,
pero no los domino, no
soy dueño de nada,
el tiempo y las cenizas
señorean mi pelo,
no es mío el aire que
respiro
ni el amor que te tengo,
el amor, es un decir,
para sentirme libre bajo
la atenta mirada de los
dioses
cuando conquisto tu
cuerpo como vino,
como salvaje mar en calma
en la noche sin fin y
antigua de la historia.
(Los
nombres del agua, 2020)
Resumiendo, el mar aparece en mi poesía como un
ente masculino que devora barcos y marinos y al mismo tiempo es una madre que
abre su vientre para alimentar a los hombres que habitan junto a ella. Luego
pasa a ser recuerdo de un mar primigenio que las tierras emergidas alejaron y,
a la vez, metáfora de la grandeza perdida en
la ancha aridez de Castilla.
Termina siendo paisaje de playas y puertos proclives al amor. Y un punto de
encuentro de poetas reunidos cada año en Salou, Barcelona, Málaga… en la idea
hecha realidad de Mari Pau González que ha dado en llamarse Poetas de la
mar.
Aquí enlace al vídeo Llanto, interpretqado por Alfredo González Vilela.









