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domingo, 21 de junio de 2026

ALTA ESQUINA DEL AIRE, palabras de José luis García Herrera, poeta



Si me conocéis, física o virtualmente, no ignoráis que Alta esquina edel aire (Parnass, 2026) es mi último libro publicado. El pasado 17 de junio en el Castillo de Cornellà se hizo la primera presentación en público organizada por Poetas de Cornellà. Me acompañaron en la mesa el alcalde, Antonio Balmón, y el poeta José Luis García Herrera. Presentó el acto Carlos Fernández. Recitaron mis poemas Araceli Moretó, Carmina Ferreres y María Naranjo. Pepe Hernández las acompañó a la guitarra y nos deleitó con tres canciones emblemáticas. Aunque el cuerpo me pide agradecerles publicamente, a ellos y a otros que tanto lo merecen, su colaboración desinteresada no quiero extenderme porque mi intención principal con este post es publicar las palabras de José Luis, que es también el autor del magnífico prólogo que abre el libro. Ni que decir tiene que me siento muy orgulloso de ser su amigo y tenerlo como lector. 


Esto dijo en la presentación:


                                                               

                Esta es una tarde de celebración y de homenaje. Y, en unos minutos, entenderán porqué.

            Para mí, y lo digo con absoluta franqueza y la amistad innegable que nos une, es un honor presentar un libro de Jesús Pico Rebollo. Un honor, y un placer. Un placer compartir con Jesús amistad y poesía. Imagino que en este orden. Si, hace un tiempo, decíamos que la luz tenía continuidad, que la vida proseguía, como el verso que nace de los momentos vividos con intensidad, hoy nos reúne aquí, en esta sala, un libro que, por encima de cualquier otra consideración, es un homenaje a la amistad, al amor, a la vida y a la poesía.

            Pablo Neruda sentía una enorme admiración hacia Miguel Hernández. Bueno, Neruda, y creo que todos los que amamos la poesía. Veía en él, en Miguel Hernández, al hombre que lleva la poesía dentro, que extrae lo más hermoso de todas las cosas, las más espirituales y las más cotidianas. Y, en especial, lo hacía de un modo natural y sencillo. Yo veo en Jesús, algo, o mucho, de Miguel Hernández. Jesús dispone de un amplío conocimiento de la métrica, domina el ritmo con gran maestría, tanto en el verso rimado como en el verso libre, con un lenguaje rico y expresivo, con imágenes sorprendentes y metáforas que te atrapan. Y lo hace de una manera sencilla y natural, con la modestia de quien hace bien lo que sabe hacer y no necesita más para ser feliz.

            Me decía el poeta José Cruset, hace muchos años, cuando yo empezaba como aprendiz en esta aventura de juntar versos, que el buen poema es aquel que te “pellizca el corazón”. ¡Qué imagen, ¿verdad?! ¡Qué te pellizca el corazón! Bueno, pues la poesía de Jesús Pico Rebollo tiene la enorme facultad de emocionarte, de tocar la fibra sensible del alma, de pellizcarte el corazón. Y “Alta esquina del aire”, la última entrega poética de Jesús, es la palabra hecha emoción.

            “Alta esquina del aire”. ¡Qué hermoso título! Un título que evoca, por lo elevado, algo grande, excelso, casi inalcanzable. Esa esquina del aire donde van los sueños del poeta, donde habita la memoria y los recuerdos, donde pervive el amor y la amistad, todo lo sagrado, todo lo que merece ser tenido en alta estima.

            Menciono en el prólogo del libro que, cuando Jesús me dio a conocer el título de este libro, pensé en un edificio alto, que tocaba el cielo y, en lo más alto, como una veleta o una bandera, ondeaba la poesía. Y sí, la poesía está en lo alto de todo, y todo lo que la poesía de Jesús significa. Porque hay un momento en la vida, por los avatares, zancadillas, y sinsabores que la vida nos entrega, que dirigimos la mirada hacia la más alta esquina del aire, buscando respuestas que, quizá no, o quizá sí, la poesía nos revela.

            Y les sugiero que vayamos del prólogo a la contraportada del libro. Por dos razones: una) es un libro de celebración y de homenaje. Cuando has vivido mucha vida y has estado cara a cara con la muerte todo adquiere otra dimensión y se vuelve canto de celebración hacia los aspectos más esenciales de la vida. Y, dos) la poesía de Jesús tiene una gran riqueza expresiva y formal, yendo del soneto al verso libre, de la oda al haikú… Y cuando se dice que la suya es una poesía alejada de modas se quiere decir, en esencia, que Jesús tiene una voz propia, un decir personal, consecuente con un estilo y una manera, particular, de entender y escribir poesía. Y, cuando a un poeta le dicen que tiene una voz propia, le quieren decir que su obra es reconocible por sí misma: reconocible y singular.

            Y ahora sí, si me acompañan, les enseño el libro por dentro.

            “Alta esquina del aire” es, como ya se ha dicho, un libro de celebración y de homenaje. Y dentro del homenaje, uno muy especial, al poeta y activista cultural Ángel Cazorla, andaluz afincado en Terrassa y de quien, Jesús, nos explicará, imagino, algunas cosas. No anticipo nada pero, a tener en cuenta, en este libro, la figura de Ángel Cazorla. Y de celebración porque el primer poema de este libro ya es un brindis, un brindis por la poesía, por la amistad, por la vida. “Brindo por vivir junto a vosotros / a la orilla de un río de palabras…”

            La primera parte del libro “A los aires de entonces” (el libro está dividido en tres apartados) nos ofrece una mirada hacia el pasado, hacia el rescate de la memoria, hacia esos lugares que merecen ser revisitados y salvados del olvido. Y en ese rescate de vivencias pasadas está el amor, el amor auténtico, aquel que nos acompaña, contra viento y marea, toda una vida. El amor carnal y el amor a la poesía que Jesús encuentra, o descubre, siendo joven, en tierras de Castilla, en Sardón del Duero, en Valladolid. Poeta de tierra adentro que descubrió el mar en la poesía de Machado, de Neruda y de Espriu. Y que, cuando llegó al mar, decidió quedarse cerca, atrapado por el embrujo de su sonido y su inmensidad.

            La segunda parte, “Tras la puerta del aire” que, en sí, el título, ya es un guiño y un canto a la libertad, tiene un marcado carácter social y de denuncia. Poemas como “Tengo las manos blancas” “Gacela del niño palestino” y “Dispara al árabe” así lo confirman y atestiguan. Poemas que hablan desde el dolor y de la impotencia pero que, también, desean despertar la conciencia social de un pueblo. La poesía debe ser “no solo un arma cargada de futuro” como pedía Gabriel Celaya, si no, también, una voz de alarma a favor de los débiles y contra la injusticia. Y, aquí también, en esta segunda parta, el homenaje y la celebración continúan presentes, en la emotiva oda a Andalucía o “Balada de las ocho hermanas”, en la entrañable oda a “Andrés Iniesta”, el héroe callado, o el antihéroe, y el emocionante poema “Rumor de agua redonda”, dedicado a un gran poeta, a un excelente amigo, a Ramón García Mateos, que estuvo aquí, hará unos tres de años, hablando de la luz en la poesía de Jesús. Esta segunda parte se cierra con el poema “Alta esquina del aire”, que, además de darle título al libro, finaliza con dos versos que poseen una enorme fuerza expresiva y plasman una verdad tan rotunda como el silencio que pervive a cada extremo de nuestra vida. Me van a permitir que los lea:

“En la llanura el hombre desolado

y la muerte a ras de tierra, ¡tan a mano!”

            Y la tercera parte, la última, es la gran traca final. “El aire de los besos” es el apartado que reúne todos los poemas premiados desde, yo diría que en su inmensa mayoría, la publicación de Continuidad de la luz. Poemas todos ellos premiados, y muchos de ellos en premios de gran enjundia como el de las Justas Poéticas de Dueñas, el Blas Infante o el Jaime Gil de Biedma. Y me gustaría destacar este último, el Gil de Biedma, con un poema “Vino la muerte y se instaló en sus ojos”, que sigue en la línea de homenajes que nos brinda este poemario. Un poema que recoge los nombres de muchos poetas fallecidos de manera prematura, poetas que no pudieron dejarnos un legado aún mayor porque la muerte les sorprendió cuando aún tenían muchas cosas por vivir y por escribir. Un poema que, si Jesús se llamase, por ejemplo, Luis García Montero, estaría en muchas antologías de poesía española. Y no lo descarto, tiempo al tiempo. Nadie mejor que el tiempo para poner cada cosa en su lugar.

            Encontraremos un hermoso canto a la tierra castellana, a la tierra natal de Jesús, el homenaje a Lorca, en “Ciudad de luna y de llanto”, en un poema muy lorquiano; o “La vida escrita”, otro poema dedicado a Ramón García Mateos que, en cierta manera, entronca, en lo metapoético, con el poema “Vino la muerte y se instaló en sus ojos”. Y el hermosísimo, y emocionante, “Palabras para una ausencia” dedicado a Almudena Grandes. Del que, si me lo permitís, desearía leer la última estrofa:

Apenado y solo recojo sal de llanto, palabras;

palabras tuyas, de ellos, de todos los que han sido

sobre la tierra nuestra, palabras para sobrevivir

al dolor de tanta ausencia, tanta humillación,

tanta derrota, tanta luz apagada, al dolor,

tú lo sabes bien, de ser mujer o poeta.

            Todos estos poemas, estos grandes poemas, tienen la enorme capacidad de ser espléndidos tanto formalmente, como estilísticamente, como en el plano humano, como en el de la emoción auténtica.

            Estamos pues, sostenemos en nuestros manos, un libro con poesía de gran altura, humana y poética. Estos poemas, jugando con el título, nos llevan a la más alta esquina del aire, a lo más sublime, al territorio donde la palabra se hace vuelo para expandirse por el territorio de las emociones más auténticas. Aquellas que, indiscutiblemente, nos hacen más humanos y mejores personas. 

            Empecé esta presentación diciendo que este libro es un homenaje a la poesía y a la amistad, que es un canto a la celebración de vivir y todo lo que ello supone. Así que, con estas últimas palabras, os invito a escuchar los poemas de Jesús Pico Rebollo, os invito a leer todos los poemas de este libro, os invito a celebrar el nacimiento de este libro, a rendirle homenaje al hombre, al poeta, al hermoso mundo que nos deja Jesús, en este libro, como legado.



ALTA ESQUINA DEL AIRE, palabras de José luis García Herrera, poeta

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