Permitidme citar doloridamente a los bardos soldados
de otros tiempos y soslayada muerte, Garcilaso y Manrique..
Jorge Manrique (c. 1440 - 1479) fue un poeta del prerrenacimiento. Hombre de armas y letras castellano, es autor de las Coplas a la muerte de su padre, uno de los poemas clásicos de la literatura española de todos los tiempos. Falleció en combate, o en una escaramuza, durante la Guerra de Sucesión Castellana, dos años y medio después de la muerte de su padre a consecuencia de un cáncer. Tendría a la sazón unos 39 años.
XLIX) QUE HALLARON A JORGE MANRIQUE EN SU SENO CUANDO LO MATARON
¡Oh, mundo!
Pues que nos matas
fuera la vida
que distes
toda vida;
mas según acá
nos tratas
lo mejor y
menos triste
es la partida
de tu vida tan
cubierta
de tristezas y
dolores
muy poblada;
de los bienes
tan desierta
de placeres y
dulzores
despojada.
En tu comienzo
lloroso;
tu salida siempre
amarga
y nunca buena;
lo de en medio
trabajoso,
y a quien das vida
más larga
le das pena.
Así los bienes
muriendo
y con sudor se
procuran
y los das;
los males vienen
corriendo;
después de venidos
duran
mucho más.
XXXIV) CANCIÓN
No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.
Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
que eres tú sola remedio
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.
XLVIII) COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
[…]
GLOSA
Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar a la mar,
que es el morir. ¡Gran cantar!
Entre los poetas míos
tiene Manrique un altar.
Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar,
ciego huir a la mar.
Tras el pavor del morir
está el placer de llegar.
¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!
Antonio Machado




