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jueves, 24 de septiembre de 2026

Poetas de vida breve. 36 Gata Cattana

 Me duele buscar las huellas de Ana Isabel, leer, escuchar su voz de Gata,,, Y no haberla conocido antes de que la besara la muerte.


Ana Isabel García Lorente, más conocida como Gata Cattana, cantante y poeta cordobesa (1991 - 2017), nació en Adamuz y murió en Madrid  por un choque anafilático. Tenía 27 años.





MALDITOS SEAN



Malditos sean los mapas,

las coordenadas, las carreteras

y las vías de la Renfe.

Malditas las unidades de medida:

las horas, los kilómetros, los números.

Malditas sean las comunidades autónomas,

el tendido eléctrico,

las líneas telefónicas,

las conexiones automáticas

y la red virtual.

¡Malditos los poetas!

¡Maldito Salinas, maldito Machado!

Y Gustavo.

Y Federico.

Malditas las tostadas

con café por las mañanas.

Malditas las canciones

que me arrancó, los testigos.

Malditas las camas de uno cuarenta,

la prisa, el alcohol y los planes a la larga.

Malditos los pensamientos impuros,

las ideas lujuriosas y la libido.

Malditas sean también las comparaciones

y los dólares, la ley del suelo

y la burbuja inmobiliaria.

Malditas las parejas de la mano,

malditos los besos sin tapujos,

maldito el camino de vuelta.

Y tus ojos.

Y todas las cosas que me recuerdan que tú no estás.






LA ESCALA DE MOHS



Todo el mundo se vende.

Al final... todo el mundo.

Yo me vendí por tres milímetros

de iris azul tanzanita

en cada ojo

lo que hacen un total de seis

por dos de ancho

milímetros de iris azul radiactivo,

azul heisenberg.

No se si al diablo o a quién…

porque en Cupidos no creo,

pero cambié mis veredas livianas

y el jardín de trofeos

y mis cuevas de ego sin fondo

sin tregua ni amparo

y esta mala fe de augura

y el mañana, y el ahora…

por seis por dos milímetros de iris

de topacio azul,

de dureza ocho

en la escala de Mohs.

Y cambié mis sonrisas infalibles

hábilmente conseguidas

y las ganas de los otros

y el discurso de Gomorra

y de Artemisas en Arcadias…

En resumidas cuentas,

la heroicidad de la independencia,

la certeza de no ir viendo fantasmas

como Bécquer,

y he aquí la paradoja:

por seis por dos de pupila azul turmalina,

con algo de cobalto y de polonio,

y lo de polonio no lo digo por el color.

Al final todo el mundo…

Todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí

que después de tanto principio,

tanta ley y tanto código, tanto juez

y tanta ética, tanto farol bien tirao…

que el mío iba a ser tan minúsculo.

Yo siempre lo supe.

Desde que a Aquiles le dieron

a elegir entre la gloria o la paz,

yo ya lo sabía,

hubiera elegido lo segundo.

No soy de cantares de gesta.

Y siempre releía la historia

advirtiéndole desde mis adentros

a ver si no cometía el mismo error.

Pero nada.

Y claro,

directa al talón.

Yo hubiera elegido lo otro,

siempre se lo dije.

Hubiera muerto a los setenta

en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo la gloria no es tanto…

La gloria debe ser morirse

en una islita griega mirando el mar.

Al fin y al cabo…

¿Quién se acuerda hoy de Aquiles?

Si no es esta loca rumiante mascullando

te lo dijes.

Para eso has quedado.

Para lo que quedó Troya.

Para que venga ahora esta loca

rumiante mascullando te lo dijes

a altas horas.

Otras noches te comprendo.

Y te compadezco.

Y nos compadezco.

En cierto modo algo de razón tenías,

todo el mundo tiene un precio.

Y quién me iba a decir a mí,

quién nos iba a decir,

que el mío fuera un total

de seis por dos milímetros cuadrados

de iris tapiz de hilo persa,

azul egipcio,

Bombay Sapphire,

de dureza ocho

en la escala de Mohs.

Yo hubiera elegido lo otro,

siempre te lo dije.

Aunque en cierto modo puede

que tuvieras razón.

Quién sabe si tenías razón.







CON LAS MANOS



No aman de igual forma

los ricos y los pobres.

Los pobres aman con las manos.

Los pobres aman en la carne y con gula,

en las peores estampas,

en condiciones famélicas y con

todo en su contra.

Los pobres aman sin bonitos decorados.

Entienden de lunes y de tedios domingueros

y de gastos imprevistos

de facturas y de angustias

que embisten

mes a mes

a quemarropa.

El amor de los pobres

no sale por la ventana

aunque el dinero entre

por la puerta,

(que nunca entra),

(aunque no haya ventanas).

Los pobres han aprendido

a amarse a oscuras por eso mismo.

Han aprendido a amarse mal alimentados

mal vestidos, malqueridos,

porque el hambre agudiza el ingenio

y en sus jardines también crecen las flores

(aunque no haya jardines).

Los pobres han aprendido a aprovechar

los vis a vis, entre jornada y jornada

de trabajo,

(aunque no haya trabajo)

y saben darse placeres nunca tasados

de valor incalculable

y han aprendido a disfrutar las circunstancias

y la sopa de sobre,

el viejo colchón y la cuesta de enero.

Y parece que su amor se yergue

indestructible a pesar de,

a pesar de las miles de plagas,

de los sueños frustrados y fracasos andantes,

de las crisis cíclicas y de hambrunas y de guerras,

más valiente que Heracles,

más Odiseo que Odiseo.

Y parece que su amor se extiende y se multiplica

al ritmo que se multiplican los pobres,

al ritmo que se multiplican los infortunios

y los desastres naturales que golpean

siempre en las casas de los pobres.

Y ese amor está a la altura de Urano,

a la altura de Urano y de Gea juntos,

y es el única arma

que tienen los pobres

para defenderse.

Por eso han aprendido a cultivar flores

y a cantar bien sus penas

y han inventado las mejores obras

y los mejores instrumentos.

Por eso entienden de arte y saben

encontrarlo donde lo haya,

aunque no lo haya,

(que siempre lo hay).

Y han aprendido a aprovechar el carisma

y la jerga,

y a escribir poemas inmortales

sobre amores complicados,

y saben de cosquillas,

y saben de boleros

y saben de desnudos

y de darlo todo,

que no es más que lo puesto,

las manos y la lengua

la forma de otear el horizonte

y los cánticos en contra del patrón.

yo solo se amar de esta manera

yo te amo como aman los pobres

y me temo

que por mucho mucho tiempo

esto seguirá siendo así.







ALGO MÁS




Para mí nunca nada es suficiente.

Me da igual que me cantes serenatas

o que conquistes ciudades en regiones

bárbaras bajo mi estandarte

o que lleves mi estandarte a Mercurio o a Urano.

Incluso aunque lo clavaras

en el cabecero de tu cama,

seguiría pareciéndome insuficiente.



Y haces bien en no regalarme flores.

Haces bien, porque ni las magnolias

ni los claveles ni los tulipanes,

ni siquiera las rosas negras,

me conmueven lo más mínimo

ni me parecen una honda declaración.



Ni siquiera los chocolates.

Ni siquiera las noches

en que te muestras elocuente.



Poetas de vida breve. 36 Gata Cattana

 Me duele buscar las huellas de Ana Isabel, leer, escuchar su voz de Gata,,, Y no haberla conocido antes de que la besara la muerte. Ana Isa...