Me duele Rosalía de Castro, eterna enferma del Rexurdimento frente a la ventana abierta donde el mar no se ve.
Rosalía de Castro nacíó en Santiago de Compostela (1537). Murió en 1885 de un cáncer de útero en su casa de Padrón, a los cuarenta y ocho años.
De: Follas novas
Cando penso que te fuches
negra sombra que me asombras,
ó pe dos meus cabezales
tornas fazéndome mofa.
Cuando maxino que es ida,
no mesmo sol te me amostas,
i eres a estrela que brila,
i eres o vento que zoa.
Si cantan, es ti que cantas;
si chora, es ti que choras;
i es o marmurio do río,
i es a noite, i es a aurora.
En todo estás e ti es todo,
pra min i en min mesma moras,
nin me abandonarás nunca,
negra sombra que me asombras.
Cuando pienso que te huyes
Cuando pienso que te
huyes,
negra sombra que me
asombras,
al pie de mis cabezales,
tornas haciéndome
mofa.
Si imagino que te has
ido,
en el mismo sol te
asomas,
y eres la estrella que
brilla
y eres el viento que
sopla.
Si cantan, tú eres
quien cantas;
si lloran, tú eres
quien llora;
y eres murmullo del
río
y eres la noche y la
aurora.
En todo estás y eres
todo,
para mí en mí misma
moras,
nunca me abandonarás,
sombra que siempre me
asombras.
Traducción: Mauro Armiño
Traducción : Mauro Armiño
Agora cabelos negros
Agora cabelos negros,
máis tarde cabelos brancos;
agora dentes de prata,
mañán chavellos querbados;
hoxe fazulas de rosas,
mañán de coiro enrugado.
Morte negra, morte negra,
cura de dores e engaños:
¿por qué non mata-las mozas
antes que as manten os anos?
Ahora cabellos negros
Ahora cabellos negros,
más tarde cabellos blancos;
ahora dientes de plata,
mañana dientes quebrados;
ahora mejillas de rosas,
mañana cuero arrugado.
Muerte negra, muerte negra,
cura de dolor y engaños:
¿por qué no matas las mozas
antes que las maten años?
Traducción : Mauro Armiño
De: En las orillas del Sar
De: En las orillas del Sar
VII
Ya que de la
esperanza, para la vida mía,
triste y descolorido
ha llegado el ocaso,
a mi morada oscura,
desmantelada y fría,
tornemos paso a paso,
porque con su alegría
no aumente mi amargura
la blanca luz del día.
Contenta el negro nido
busca el ave agorera;
bien reposa la fiera
en el antro escondido,
en su sepulcro el
muerto, el triste en el olvido
y mi alma en su
desierto.
Dicen que no hablan las plantas
Dicen que no hablan
las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,
Ni el onda con sus
rumores, ni con su brillo los astros,
Lo dicen, pero no es
cierto, pues siempre cuando yo paso,
De mí murmuran y
exclaman:
—Ahí va la loca
soñando
Con la eterna
primavera de la vida y de los campos,
Y ya bien pronto, bien
pronto, tendrá los cabellos canos,
Y ve temblando,
aterida, que cubre la escarcha el prado.
—Hay canas en mi
cabeza, hay en los prados escarcha,
Mas yo prosigo soñando,
pobre, incurable sonámbula,
Con la eterna
primavera de la vida que se apaga
Y la perenne frescura
de los campos y las almas,
Aunque los unos se
agostan y aunque las otras se abrasan.
Astros y fuentes y
flores, no murmuréis de mis sueños,
Sin ellos, ¿cómo
admiraros ni cómo vivir sin ellos?
Yo no sé lo que busco eternamente...
Yo no sé lo que
busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco; pero es algo
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!




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