Me duele Alfonso Costafreda, su soledad sin padre y su inquebrantable deseo de ser poeta al borde del abismo.
Alfonso Costafreda nació en Tárrega en 1926. Murió en Ginebra en 1974 por sobedosis de sonníferos. Probablemente se suicidó. Aún no había cumplido los 48 años.
Yo pregunto
Ha muerto mi padre.
Se repite su ausencia cada día
en el hogar vacío.
Yo pregunto,
y además de la ausencia y además
de perder los caminos de esta tierra,
¿qué es la muerte?
Yo te pregunto, padre, ¿qué es la muerte?
¿Has hallado la paz que merecías?
¿Encontraste cobijo en nueva casa
o vas errante, y sufres bajo el frío
del invierno más grande, del total
desamor?
Yo te pregunto, padre, si son algo
los muertos, o si la muerte es sólo
una inmensa palabra que comprende
todo lo que no existe.
Compañera de hoy
Compañera de hoy, no quiero
otra verdad que la tuya, vivir
donde crezcan tus ojos,
dando tu luz, tu cauce
a lo que veo y siento...
Deshacer ese ovillo
oscuro del temor,
encontrar lo perdido,
quebrar la voz del sueño...
Y lenta, lentamente
aprender a vivir,
de nuevo, de nuevo,
como en una mañana
cargada de riqueza.
El silencio
No puedo hablar; aunque quisiera
no puedo hablar con alegría.
¿Qué he de decir? Ni tan siquiera
presentar puedo una página limpia.
No puedo hablar, sólo tinieblas crecieran
sobre la hierba maldita.
He de callar, pero yo diera
mi vida.
Desde pequeño soñé
Desde pequeño soñé
ser el poeta
que explicase a los niños la historia de los pájaros;
cómo en ellos se apasiona la vida,
se adelgaza, se cumple,
y en los cielos, ella misma se canta.
Las pequeñas palabras
Decías tú palabras
íntimas, silenciosas.
Palabras que se dicen
del amor al amor,
de una boca a otra boca.
El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
memorables, dichosas.
Las hazañas diarias,
ilusiones del día,
las más pequeñas cosas;
palabras compartidas,
útiles, generosas.
El poema secreto
para todos se hacía,
las pequeñas palabras
-otras no he de decir-
durarán como rocas.
Busco, bajo la luz del alba,
con las manos en la tierra,
raíces de la memoria perdida,
semillas negras en el olvido.
Sabia memoria de un tiempo
en el que hube de escoger
caminos y sueños que creí
verdaderos, totalmente ciertos.
Sueños que perdí en los días
donde fui discípulo de sombras,
jinete mudo en la noche,
aprendiz de antiguos errores
que nuevos aparecen bajo la luz.
Con ira arranco tierra bajo mis pies,
interrogándome por el hombre
que oculté tras las palabras.
Con desazón remuevo la tierra
donde habré de reencontrarme
con el hombre que ha ido
muriendo en mí.
José Luis García Herrera. Niebla en Costafreda







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