martes, 10 de febrero de 2026

Poetas de vida breve.1 Césare Pavese

 

Jorge Manrique comparaba nuestra vida con los ríos. No todos los ríos son largos y caudalosos, al contrario, muchos son de corto discurrir y escasa agua. Pero aún éstos pueden alimentar a otros y contribuir a aumentar su caudal. Quiero, en el viaje que comienza hoy, recordar algunos ríos que no son corrientes menores, ni mucho menos: poetas de recorrido breve y selecto bagaje que dejaron huella permanente, bien que algunos sean más conocidos que otros. Ninguno de los autores elegidos llegó a cumplir los cincuenta años. No es una nómina exhaustiva: al igual que en una antología nunca están todos los que debieran, aquí caben aquellos que se citan en el poema Vino la muerte y se instasló en sus ojos [XXI Premio Internacional de Poesía Jaime Gil de Biedma y Alba de Nava de la Asunción (Segovia)], título que quiere recordar a un poeta que murió joven: Césare Pavese y rendir homenaje a poetas que abandonaron aquel cuerpo que les fue dado y que, en versos de Luis Felipe Comendador, “verlo morir es bello, como sentirlo vivo”. Recordaremos esos hermosos cuerpos, esas edades truncadas, esos poetas que nos legaron versos como vidas en su corta existencia. Unos son más conocidos que otros, algunos completamente extraños, todos tienen versos memorables, todos merecen un espacio que les salve del olvido. Porque nada hay más breve que lo eterno, según José Viñals. Y en un verso cabe todo un universo.

No abundaré en la biografía de los poetas. Que quien esté interesado, si no lo conoce, busque información y bucee en la obra de cada cual.

"El vicio absurdo", como lo llamaba Césare Pavese, el suicidio, tendrá cabida en estos golpes.



 Césare Pavese (1908-1950)

En Turín el domingo 27 de agosto de 1950 en la habitación número 47 del hotel Roma Pavese ingiere 16 envases de somnífero y muere. En menos de un mes iba a cumplir 42 años.


“De costumbres austeras y esquivas, Cesare Pavese nunca tuvo mujer, ni hijos, ni casa. Su vida trascurría entre un cuarto en la casa de su hermana casada y la oficina. Su literatura –no apta para frívolos ni indiferentes- está plagada de referencias a la soledad, la familia, el sexo, la mala suerte, el amor, lo desconocido y, sobre todo, la muerteAgobiado por la depresión y el desengaño, el 27 de agosto de 1950 se suicida tomando diez dosis de somnífero en un hotel de Turín. El 16 escribió: ‘Un clavo saca a otro clavo, pero cuatro clavos hacen una cruz’ y ‘mi obra pública está acabada en lo que me es posible. He trabajado, he dado poesía a los hombres, he compartido la pena de muchos’. El 17 escribió: ‘No deseo nada más en esta tierra. Este es el balance del año no acabado, que no acabaré’. El 18 acaba: ‘No escribiré más’. Y en el cajón de esa habitación encontrarán un poema: ‘Vendrá la muerte y tendrá tus ojos’. Los de ella. No tenía nada más que decir, ni a ella –porque no respondía– ni a nadie más. Excepto a nosotros.”      (Inma J. Ferrero, Poeta, libretista, crítico literario, directora y fundadora de la revista cultural Proverso)



VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
—esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o.un vicio absurdo.— Tus ojos
serán una palabra hueca,
un grito ahogado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando a solas te inclinas
hacia el espejo. Oh querida esperanza,
ese día también sabremos
que eres la vida y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como mirar en el espejo
asomarse un rostro muerto,
como escuchar un labio cerrado.
Nos hundiremos en el remolino, mudos.


 

Luis Felipe Comendador en Paraísos del suicida (6é Prtemi Tardor de Poesia) escribe este poema:

CÉSARE PAVESE HACE UNA CRUZ CON CUATRO CLAVOS

 

El odio recogido

de todos los combates

se amontona en mi cuerpo

y me impide moverme.

 

Ya no da para más

este envase de vísceras,

ya no admite ni un ápice

del horror de los días,

está colmado, a punto

de estallar cuajarones

de la sangre venosa

que lo infecta y oprime.

 

No admite lo común,

ni siquiera la duda

de un gesto hermafrodita,

no está para más treguas

ni para hacer tratados

de paz claudicatorios.

 

Sólo pide la muerte

urgente y necesaria

para dejar de ser

la peste de sí mismo.

 

Cuatro clavos en cruz

resuelven el misterio

habitando al unísono

un único agujero.






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