viernes, 12 de junio de 2026

EL MAR EN MI POESÍA



El primer recuerdo que tengo del mar es de la bahía de la Concha. Tenía once años y mi hermana, que por aquel entonces trabajaba en San Sebastián me llevó a pasar un fin de semana a la bella Easo desde la localidad vizcaína donde estudiaba primero de bachiller. Posteriormente descubrí el Atlántico cuando hacía la mili en Galicia. Para entonces ya había publicado mi primer libro, Orto. En él, el mar cobraba protagonismo en varios poemas. Pero no era yo gran conocedor de mares y océanos como no fuera a través de la literatura o del cine. Había leído Marinero en tierra y algunos poemas marinos de Neruda y de la Antología de Poesía Contemporánea de Gerardo Diego como aquel de Manuel Altolaguirre que comienza

Las barcas de dos en dos,
como sandalias del viento
puestas a secar al sol.

y que claramente sirvió de inspiración para mi poema

 

BARCA

 

Huesos calcinados

que un día surcasteis la mar

rompiendo el sol.

 

Armazón que tenías

labios verdes, nombre de mujer

y una mano blanca diciendo siempre adiós.

 

Nao capitana,

marinos de sueños,

niños mariscadores cosquilleando tu vientre.

 

Te estremeces de azul cuando se posa,

plegando velas, una gaviota húmeda

y gotea mar en tu quilla sin color.

 

Cuando el mar y la noche se acuestan

a tu desamparo arriba

la brisa que nace de su abrazo latente.

 

Sé que estás herida de nostalgia y celos,

pero yo he visto barcas asesinadas

que nunca besaron al mar.

                                           (Orto, 1979)


Pescadores y marineros pueblan los versos de estos primeros poemas. Véase el titulado

 

LLANTO

 

Están llorando sangre

los pescadores.

La mar mece su barca

como una cuna.

La mar es una madre,

abre su vientre.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

los pescadores

 

y la mar boca arriba

está llorando,

está llorando peces

sobre la barca.

 

Ya se fueron en sangre

los pescadores.

El mar vino gritando

de madrugada.

 

Está la luna alta

y nadie duerme.

Están llorando sangre

madres y esposas.

                               (Orto, 1979)

 

o, en la misma línea, éste tan breve:

 

SOLEDAD DE LOS PUERTOS

 

Soledad a la orilla del mar.

 

Soledad Sola da un beso a una ola.

 

¡Ay si fuera espuma, si sirena

fuera!

 

Más no. Es Soledad Espera.

 

Soledad de los puertos,

que ya el marino ha muerto.

                                                       (Orto, 1979)



El juego literario entre el mar y la mar, también está presente en varios poemas:

 

GOLPEADO POR EL MAR

 

Golpeado por el mar.

Jirones de mi carne

en los acantilados cuchillos.

Naufragio letal,

labios, versos a la deriva.

Olas látigos,

vorágine negra.

Boca vientre

acechando en las aguas,

oscuro, invisible tridente

desgarrando mis venas,

dudas lanzas

desmantelando mi alma.

 

Sanado por la mar.

Espumas vendas,

cabrillas cicatrices,

yodo besos,

una enorme lengua

lamiendo mis heridas,

tendido cara al cielo

en las arenas del alma.

 

Golpeado por el mar.

Sanado por la mar.

Golpeado, sanado,

como círculo vicioso,

un trance consentido,

un estado que el mar,

la mar —¿qué importa?—

un día quebrantará.

 

Asesinado por…

                               mar.

                                       (Orto, 1979)

 




En  mi segundo libro De donde nace el viento, el mar deja de aparecer, aparte de algunas referencias, hasta que se torna protagonista en el poema titulado

 

MUERTE

 

                      Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

                                       Federico García Lorca

 

En el mar también hay buitres.

La sal conserva los cadáveres.

 

Tritones en celo engendran tempestades.

Marea de luna llena hasta las casas llega.

El oleaje arrastra mujeres en cinta

y comen las gaviotas peces niños.

 

Las lágrimas caen al agua.

Los suspiros van al viento.

Viento hecho de algas nos arrastra.

 

Los peces comulgan la última luna.

Hay peces debajo de las camas,

peces muertos, agónicos delfines en la habitación del recuerdo.

 

La sangre es de mil colores en la tarde, eterna agonizante.

Agonía de marinos que nunca vieron la mar.

Esqueletos sin rumbo en un mar de cenizas

que les ciega las cuencas vacías.

 

Desolación del mar sin horizonte.

Campo de batalla tan inmenso

como estos días grises y yo mismo.

 

¿Y después de la mar?

¿Daré la vuelta al Globo y encontraré mi estela?

¿Seré pez de los abismos con luz propia?

¿Seré mástil del último naufragio flotando a la deriva?

 

El agua sólo es agua.

Una gota es olvido en la mar.

                                               (De donde nace el viento, 1989)


 

Pero mi mar por excelencia es el Mediterráneo, cuyo litoral he recorrido desde Girona hasta Cádiz. Es el mar que está presente en poemas de madurez como Pentadrama mediterráneo que aparece en Continuidad de la luz y al cual pertenecen estos sonetos:

                          I 

                                                         Cerca del mar

 porque yo nací en el Mediterráneo

JOAN MANUEL SERRAT

 

Y frente a ti de nuevo, mar tan mío,

cielo antiguo de ánforas y de dioses,

tachonado de islas, velas, adioses

como nubes blancas de azul y frío,

 

llevo mi amor al fondo como un río

y dejo en tus arenas las pisadas,

breves sueños de eternidad, borradas

por espumas de sol y escalofrío.

 

Navego por tu tiempo cual navío

que siente en su velamen la caricia

de tus dedos de viento y de codicia

meciendo blandamente su extravío.

 

Dentro de ti me entierro, en ti me embriago

cuando en calma estival te finges lago.

 

                      V 

                                         El mar

                                         que se cierra y se abre

                                         como un libro con páginas de espuma,

LUIS GARCÍA MONTERO

 

Revestido de plástico y despojos,

camposanto de sueños y quimeras,

rota mentira azul, dime qué esperas,

dímelo, mar, mirándome a los ojos.

 

Y rómpeme la cara con los rojos

pespuntes de tragedias marineras.

Alíviame hasta el alma con salmueras

y aviéntame el amor por tus rastrojos.

 

Y llévate los versos que te escribo

pues que tú vivirás cuando yo muera,

caballo de la espuma, dios altivo

 

descendido a la altura de pradera

porque ponga mi pie sobre tu estribo

jinete de la luz más pasajera.

                                               (Continuidad de la luz, 2022)



En Orento aparece el mar como un paisaje castellano en Romance marinero de Castilla que comienza así:

 

En rebaño de nubes surcan mares

desdeñosos de azul y lejanía

bajeles con las velas desplegadas,

incendiadas barcazas se aproximan

al rojo acantilado del ocaso

donde una tarde más naufraga el día,

ufano es sus mareas es el cielo

un negro cobertor que el frío habita,

dormidas en su fuego las estrellas

sueñan voces remotas de vigías

y oscurece, sereno y apacible,

el mar, todo de tierra, de Castilla.

 

Es un largo romance heroico que en 2011 obtuvo el primer premio en un certamen literario que organizaba el Centro de Castilla y León de Barcelona.


En Mi corazón y el mar redundo en el tema desde una óptica más personal con una serie de poemas que tienen su continuación en mi último libro Alta esquina del aire.

 

MI CORAZÓN Y EL MAR

 

                Hacia el Oeste está mi corazón

                                                               JOSÉ LUIS PUERTO

 

I

Yo busqué un mar donde acaso lo hubo,

en las áridas planicies desiertas de la aurora

donde un vestigio aflora de vida tan antigua

que hace triste y pequeña la soberbia del hombre.

Yo busqué un mar oteando las nubes,

velas blancas de adioses,

en las tardes tranquilas cuando el viento traía

desgajados recuerdos, olvidos primigenios.

Me supe náufrago bajo olas de lluvia

y nauta de sueños en presentidos océanos.

Espumas modeladas en arcilla,

varaderos de piedra y ocultas caracolas

decían su nostalgia al agua de los ríos.

Crecí mirando al cielo que besaba los mares

con sus labios de sol

en lejanas auroras e incendiados ocasos.

Pero no sentí en la boca el sabor de la noche,

el regusto de sal de un desierto marino,

la agria bocanada oscura de los vientos.

Ni supe de los puertos donde regresa siempre

el tiempo con sus barbas salpicadas de escamas,

ni de islas que crecen quebrando el horizonte,

ni de arenas vírgenes donde pone la tarde

su dorado rubor, ni de tumbas de agua

cuando dejan las olas un cielo de cipreses.

Y sin embargo busqué el mar.

Busqué el mar porque en mi sangre

naufragaba la vida.

                                (Orento, 2015)

 

Años llevo acompañándote, mar,

sintiendo en la piel la cólera

férrea de tus dedos crispados,

la suave caricia de tu vientre

en mi vientre, halando redes

remendadas de tristeza y soledad,

tomando de tu boca,

al caer de la tarde, peces como besos

para multiplicar mis manos,

compartiendo en un relámpago súbito de delfines

esa felicidad que a veces me salta de los ojos.

Años, mar, contemplando

el peine de las barcas tornar de madrugada

mientras gime la luna su vacío de agua

y se inundan de ausencia bocanas y ventanas,

tus domingos poblados de cruceros y gente que otea el horizonte,

las banderas de espuma, los rejones de oro,

tus jirones de niebla

cuando copias del cielo los colores más tristes.

Dolido por la muerte que lanzamos,

ingenuos o arrogantes,

como se lanzan cabos desnudos y sin norte,

nombrándote cementerio de ilusiones y objetos

que a veces nos devuelves transformados en perlas;

abrumado entre bañistas, tristemente perdido,

vago, mar, contemplándote.

Contado por veranos los años de mis hijos

y ahora por otoños los años que he olvidado

busco playas vacías y calas que no existen

porque he visto como mueren los nombres

que un día fueron piel en la madera que te surcaba,

ilusión, esperanza, un grito de existencia

y hoy sólo son vestigios,

huesos perforados de salitre,

entre cadáveres de conchas

y escamas de sirenas

que olvidas en los puertos pequeños y nostálgicos.

Años llevo, mar, poniendo tu música

a mi canto, veleros a mis versos,

rasgándome el corazón picoteado de gaviotas

y sintiendo tu sangre por mis venas abiertas como surcos,

teniéndote tan cerca

que puedo confundir tu sudor y mis lágrimas.

 

Tan cerca, sí, tan cerca

y, sin embargo, mar, tan ignorado.

                                                       (Alta esquina del aire, 2026)

 


Ciudad frente al mar quiso ser un poemario de amor que quedó finalista en 2012 en el certamen de poesía amorosa Sexto Continente bajo el título de Ciudad marina, germen de alguna manera de Los nombres del agua, libro que fue premio Amantes de Teruel en 2020.  

 

CIUDAD FRENTE AL MAR

 

IV

 

El mar cuando me miras se mece en tus pestañas,

propician sus mareas las lunas de tu pecho,

rodea tu cintura como una isla sin tiempo,

me presta su oleaje para lamer tus playas

y romper contra el cantil moreno de tus piernas,

crece hasta la aurora soñada de tu pelo.

Se resuelve en espumas, deja un olor oscuro

de tiempo detenido y pone por la noche

lunada de tu cuerpo un ensueño de perlas.

 

Tiene rumor de llanto el mar cuando me hablas,

tiene rumor de risas, de auroras imposibles

y pinos que se mecen en un lento temblor de mudos escorpiones.

 

Y tiene, cuando te alejas con el bronce de la tarde

sobre tus hombros desnudos, un vago estremecimiento,

un recuerdo azul reproducido en sus espejos.

                                                                       (Orento, 2015)      



MALVARROSA

(Inicio de la dicha)

 

Aquí fue la noche y la arena bajo los pies.

Aquí me disputó el mar el tacto de tu piel,

las escamas de tus días, el apagado rumor

de la lengua en cavidades de espuma

por primera vez.

Aquí apreté mi cuerpo contra el tuyo

y lamí la sal de tus labios,

descubrí radas imposibles en tus axilas

e infinitas arenas donde varaba el deseo

como una ballena lívida en la noche de fuego.

Aquí estreché tu cuerpo contra el mío

y abrí el camarote de la dicha

para navegar después por tantos mares,         

cómplices y extenuados.

Aquí volvemos, sin pisar ya la arena,

a pasear recuerdos. La mano

busca aún entre la brisa

el tacto frutal de la lujuria.

                                          (Los nombres del agua, 2020)

 

ISLAS GRIEGAS

                

Como un dálmata azul moteado de blanco

el Egeo tendido responde a nuestros besos,

zalamero y ardiente nos mece blandamente

al amor que dejamos cada noche en las sábanas

de la aurora y la historia renaciendo por siempre

al paso entrecortado de tu proa y mis remos.

 

Poseo el agua, el fuego, el verso,

aquí, donde la historia se disgrega,

azul y blanca, por los ojos de asombro,

pero no los domino, no soy dueño de nada,

el tiempo y las cenizas señorean mi pelo,

no es mío el aire que respiro

ni el amor que te tengo, el amor, es un decir,

para sentirme libre bajo

la atenta mirada de los dioses

cuando conquisto tu cuerpo como vino,

como salvaje mar en calma

en la noche sin fin y antigua de la historia.

                                                                    (Los nombres del agua, 2020)

                                                                       


Resumiendo, el mar aparece en mi poesía como un ente masculino que devora barcos y marinos y al mismo tiempo es una madre que abre su vientre para alimentar a los hombres que habitan junto a ella. Luego pasa a ser recuerdo de un mar primigenio que las tierras emergidas alejaron y, a la vez, metáfora de la grandeza perdida en
la ancha aridez de Castilla. Termina siendo paisaje de playas y puertos proclives al amor. Y un punto de encuentro de poetas reunidos cada año en Salou, Barcelona, Málaga… en la idea hecha realidad de Mari Pau González que ha dado en llamarse Poetas de la mar.


Aquí enlace al vídeo Llanto, interpretado por Alfredo González Vilela.


martes, 9 de junio de 2026

Poetas de vida breve. 20 Héctor Boix

 

Permitidme recordar a los derrotados que descubrí en otro idioma nuestro

nutriendo una antología* de poetas, muertos a una edad nada provecta

Héctor, Andrea, Ismael, Anna, Toni, Àlex—,

cada cual con su trágica muerte y su circunstancia a cuestas.



Héctor Boix, Barcelona (1972-1998)

Murió de una infección vírica desconocida que acabó en dos meses con su vida.

Publicó un solo libro Els ulls de Medusa Premi Amadeu Oller de Poesia (1996)


EL SON DE LA SAL

Ela guerrers embrutits, cansats de lluita.

es deixan caure sobre platges nacre,

fins que lents, un a un, amb molts treballs, 

com cries de tortuga, van a l'aigua

a rentar-se, a desprendre's la suor

seva i dels altres. Xops retornaran

a terra a reposar el son de la sal.

Aquets vespre, com sempre em preguntaves

"Have you missed me?, i he dit que no —com 

cada nou dia que hem hagut d'omplir l'un sense

l'altre i arribes de la feina amb gana.

Dic que no per no ser sentimental

—entens el joc—, i per que encara et puc

tenis. Ara, però, que estem ben junts

al llit, després de tot, és quan t'enyoro.

Un cop ben tip, aquest monstre voraç,

que ha pres les nostres carns i les ha omplert

de sal i cuit al foc per devorar-les,

s'embriaga, i s'aplaca, i ens oblida:

ens amaguem en flassades marines,

meditem com deixar tot cec el monstre.

De sobte et tombes i tanques el llum,

"Good night, Sweetheart", i ens anem allunyant

fins al matí. Com lent oneig d'un mar

podrit et sento, lluny, i saturat

de salabror, cansat, tinc set de tu.

Ara és quand més et trobo 

                                           a faltar.


El poema EL SON DE LA SAL pertenece al poemario inédito El llibre del odiat.


                        No he encontrado ninguna imagen del malogrado autor.


*Els derrotats Antologia de poetes morts. Jordi Julià

Premi de Poesia "Estabanell y Pahisa" y Energía S.A.

Omnium Cultural - Vallès Oriental 2002



lunes, 1 de junio de 2026

Poetas de vida breve. 19 Jorge Manrique

 Permitidme citar doloridamente a los bardos soldados

de otros tiempos y soslayada muerte, Garcilaso y Manrique..


Jorge Manrique (c. 1440 - 1479) fue un poeta del prerrenacimiento. Hombre de armas y letras castellano, es autor de las Coplas a la muerte de su padre, uno de los poemas clásicos de la literatura española de todos los tiempos. Falleció en combate, o en una escaramuza, durante la Guerra de Sucesión Castellana, dos años y medio después de la muerte de su padre a consecuencia de un cáncer. Tendría a la sazón unos 39 años.



XLIX) QUE HALLARON A JORGE MANRIQUE EN SU SENO CUANDO LO MATARON

 

¡Oh, mundo! Pues que nos matas

fuera la vida que distes

toda vida;

mas según acá nos tratas

lo mejor y menos triste

es la partida

de tu vida tan cubierta

de tristezas y dolores

muy poblada;

de los bienes tan desierta

de placeres y dulzores

despojada.

 

En tu comienzo lloroso;

tu salida siempre amarga

y nunca buena;

lo de en medio trabajoso,

y a quien das vida más larga

le das pena.

Así los bienes muriendo

y con sudor se procuran

y los das;

los males vienen corriendo;

después de venidos duran

mucho más.

 


XXXIV) CANCIÓN

 

No tardes, Muerte, que muero;
ven, porque viva contigo;
quiéreme, pues que te quiero,
que con tu venida espero
no tener guerra conmigo.

Remedio de alegre vida
no lo hay por ningún medio,
porque mi grave herida
es de tal parte venida
que eres tú sola remedio
Ven aquí, pues, ya que muero;
búscame, pues que te sigo;
quiéreme, pues que te quiero,
y con tu venida espero
no tener vida conmigo.


XLVIII) COPLAS A LA MUERTE DE SU PADRE

 

Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el placer,
cómo después de acordado
da dolor,
cómo, a nuestro parecer,
cualquier tiempo pasado
fue mejor.

Y pues vemos lo presente
cómo en un punto es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
más que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir:
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos;
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

 

         […]




GLOSA

 

Nuestras vidas son los ríos,
que van a dar a la mar,
que es el morir.
¡Gran cantar!

Entre los poetas míos
tiene Manrique un altar.

Dulce goce de vivir:
mala ciencia del pasar,
ciego huir a la mar.

Tras el pavor del morir
está el placer de llegar.

¡Gran placer!
Mas ¿y el horror de volver?
¡Gran pesar!

 

Antonio Machado



martes, 26 de mayo de 2026

Poetas de vida breve. 18 Garcilaso de la Vega

 Permitidme citar doloridamente a los bardos soldados

de otros tiempos y soslayada muerte, Garcilaso y Manrique...


Garcilaso de la Vega, soldado y poeta, nació en Toledo en una fecha comprendida entre 1491 y 1503.

Murió en Niza el 14 de octubre de 1536, tras ser herido de gravedad dias antes en el asalto a una fortaleza en Provenza. No tendría, pues, más de 45 años, 34 según Fernando de Herrera. 



SONETO VI

 Por ásperos caminos he llegado
a parte de que miedo no me muevo;
y si ha mudarme o dar un paso pruebo,
allí por los cabellos soy tornado.

Mas tal estoy, que con la muerte al lado
busco de mi vivir consejo nuevo;
y conozco el mejor y el peor apruebo,
o por costumbre mala o por mi hado.

Por otra parte, el breve tiempo mío,
y el errado proceso de mis años,
en su primer principio y en su medio,

mi inclinación, con quien ya no porfío,
la cierta muerte, fin de tantos daños,
me hacen descuidar de mi remedio.



SONETO X

 

 ¡Oh dulces prendas por mí mal halladas,

dulces y alegres, cuando Dios quería!

Juntas estáis en la memoria mía,

y con ella en mi muerte conjuradas.


¿Quién me dijera, cuando en las pasadas
horas en tanto bien por vos me vía,
que me habíades de ser en algún día
con tan grave dolor representadas?

Pues en un hora junto me llevaste
todo el bien que por términos me distes,
llevadme junto al mal que dejaste.


Si no, sospecharé que me pusiste
en tantos bienes, porque deseaste
verme morir entre memorias tristes.





SONETO XVI


 No las francesas armas odiosas,
en contra puestas del airado pecho,
ni en los guardados muros con pertrecho
los tiros y saetas ponzoñosas;

no las escaramuzas peligrosas,
ni aquel fiero ruido contrahecho
de aquel para Júpiter fue hecho
por manos de Vulcano artificiosas,

pudieron, aunque más yo me ofrecía
a los peligros de la dura guerra,
quitar una hora sola de mi hado.

Más infición de aire en solo un día
me quitó al mundo, y me ha en ti sepultado,
estoy aquí tan lejos de mi tierra.





SONETO XXX

Sospechas que, en mis triste fantasía
puestas, hacéis la guerra a mi sentido,
volviendo y revolviendo el afligido
pecho, con dura mano, noche y día;

ya se acabó la resistencia mía
y la fuerza del alma; ya rendido
vencer de vos me dejo, arrepentido
de haberos contrastado en tal porfía.

Llevadme a aquel lugar tan espantable,
do por no ver mi muerte allí esculpida
cerrados hasta aquí tuve los ojos.

Las armas pongo ya, que concedida
no es tan larga defensa al miserable;
colgad en vuestro carro mis despojos.



SONETO CXXIX

Garcilaso, que al bien siempre aspiraste
y siempre con tal fuerza le seguiste,
que a pocos pasos que tras él corriste,
en todo enteramente le alcanzaste,

dime: ¿por qué tras ti no me llevaste
cuando de esta mortal tierra partiste?,
¿por qué, al subir a lo alto que subiste,
acá en esta bajeza me dejaste?

Bien pienso yo que, si poder tuvieras
de mudar algo lo que está ordenado,
en tal caso de mí no te olvidaras:

que o quisieras honrarme con tu lado
o a lo menos de mí te despidieras;
o, si esto no, después por mí tornaras.

                          Juan Boscán







lunes, 18 de mayo de 2026

Poetas de vida breve. 17 Roque Dalton


Me duele Roque Dalton ejecutado

porque en todos los bandos hay asesinos

y al poeta no lo salva ni Dios ni Marx.



Roque Dalton (San Salvador, 1935-1975) es considerado el máximo representante de la poesía revolucionaria de El Salvador. Fue asesinado por sus propios compañeros revolucionarios a cuatro días de cumplir los cuarenta años.



HORA DE LA CENIZA

Finaliza septiembre. Es hora de decirte
lo difícil que ha sido no morir.

Por ejemplo, esta tarde
tengo en las manos grises
libros hermosos que no entiendo,
no podría cantar aunque ha cesado ya la lluvia
y me cae sin motivo el recuerdo
del primer perro a quien amé cuando niño.

Desde ayer que te fuiste
hay humedad y frío hasta en la música.
Cuando yo muera,
sólo recordarán mi júbilo matutino y palpable,
mi bandera sin derecho a cansarse,
la concreta verdad que repartí desde el fuego,
el puño que hice unánime
con el clamor de piedra que exigió la esperanza.

Hace frío sin ti. Cuando yo muera,
cuando yo muera
dirán con buenas intenciones
que no supe llorar.
Ahora llueve de nuevo.
Nunca ha sido tan tarde a las siete menos cuarto
como hoy.

Siento deseos de reír
o de matarme.


POEMA DE AMOR

Los que ampliaron el Canal de Panamá
(y fueron clasificados como "silver roll" y no como "gold roll"),
los que repararon la flota del Pacífico
en las bases de California,
los que se pudrieron en la cárceles de Guatemala,
México, Honduras, Nicaragua,
por ladrones, por contrabandistas, por estafadores,
por hambrientos,
los siempre sospechosos de todo
("me permito remitirle al interfecto
por esquinero sospechoso
y con el agravante de ser salvadoreño"),
las que llenaron los bares y los burdeles
de todos los puertos y las capitales de la zona
("La gruta azul", "El Calzoncito", "Happyland"),
los sembradores de maíz en plena selva extranjera,
los reyes de la página roja,
los que nunca sabe nadie de dónde son,
los mejores artesanos del mundo,
los que fueron cosidos a balazos al cruzar la frontera,
los que murieron de paludismo
o de las picadas del escorpión o de la barba amarilla
en el infierno de las bananeras,
los que lloraran borrachos por el himno nacional
bajo el ciclón del Pacífico o la nieve del norte,
los arrimados, los mendigos, los marihuaneros,
los guanacos hijos de la gran puta,
los que apenitas pudieron regresar,
los que tuvieron un poco más de suerte,
los eternos indocumentados,
los hacelotodo, los vendelotodo, los comelotodo,
los primeros en sacar el cuchillo,
los tristes más tristes del mundo,
mis compatriotas,
mis hermanos.



COMO TÚ


Yo, como tú,
amo el amor, la vida, el dulce encanto
de las cosas, el paisaje
celeste de los días de enero.

También mi sangre bulle
y río por los ojos
que han conocido el brote de las lágrimas.

Creo que el mundo es bello,
que la poesía es como el pan, de todos.

Y que mis venas no terminan en mí
sino en la sangre unánime
de los que luchan por la vida,
el amor,
las cosas,
el paisaje y el pan,
la poesía de todos.

 


NO TE PONGAS BRAVO, POETA

La vida paga sus cuentas con tu sangre
y tú sigues creyendo que eres un ruiseñor.

Cógele el cuello de una vez, desnúdala,
túmbala y haz en ella tu pelea de fuego,
rellénale la tripa majestuosa, préñala,
ponla a parir cien años por el corazón.

Pero con lindo modo, hermano,
con un gesto
propicio para la melancolía.


ARTE POÉTICA 1974

 

Poesía
Perdóname por haberte ayudado a comprender
que no estás hecha sólo de palabras.


domingo, 10 de mayo de 2026

Poetas de vida breve. 16 César Vallejo

 César Vallejo, muriéndose en París sin aguacero,

me duele como un cáliz carmesí.




César Vallejo (Santiago de Chuco, 1892 - París, 1938) murió de tuberculosis un Viernes Santo. Tenía 46 años.



Piedra negra sobre una piedra blanca

Me moriré en París con aguacero,
un día del cual tengo ya el recuerdo.
Me moriré en París -y no me corro-
tal vez un jueves, como es hoy, de otoño.

Jueves será, porque hoy, jueves, que proso
estos versos, los húmeros me he puesto
a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto,
con todo mi camino, a verme solo.

César Vallejo ha muerto, le pegaban
todos sin que él les haga nada;
le daban duro con un palo y duro

también con una soga; son testigos
los días jueves y los huesos húmeros,
la soledad, la lluvia, los caminos...



Los heraldos negros

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... ¡Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o lo heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

Y el hombre... Pobre... pobre!  Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé!


Hoy me gusta la vida mucho menos...

Hoy me gusta la vida mucho menos,
pero siempre me gusta vivir: ya lo decía.
Casi toqué la parte de mi todo y me contuve
con un tiro en la lengua detrás de mi palabra.

Hoy me palpo el mentón en retirada
y en estos momentáneos pantalones yo me digo:
¡Tanta vida y jamás!
¡Tantos años y siempre mis semanas!...
Mis padres enterrados con su piedra
y su triste estirón que no ha acabado;
de cuerpo entero hermanos, mis hermanos,
y, en fin, mi ser parado y en chaleco.

Me gusta la vida enormemente
pero, desde luego,
con mi muerte querida y mi café
y viendo los castaños frondosos de París
y diciendo:
Es un ojo éste; una frente ésta, aquélla... Y repitiendo:
¡Tanta vida y jamás me falla la tonada!
¡Tantos años y siempre, siempre, siempre!

Dije chaleco, dije
todo, parte, ansia, dice casi, por no llorar.
Que es verdad que sufrí en aquel hospital que queda al lado
y que está bien y está mal haber mirado
de abajo para arriba mi organismo.

Me gustará vivir siempre, así fuese de barriga,
porque, como iba diciendo y lo repito,
¡tanta vida y jamás y jamás! ¡Y tantos años,
y siempre, mucho siempre, siempre siempre!


El poeta a su amada

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernes santo más dulce que ese beso.

En esta noche clara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.
En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

Y ya no habrá reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.

Escucha aquí el poema versionado por Paco Ibáñez



martes, 5 de mayo de 2026

Poetas de vida breve. 15 Eduardo Haro Ibars

 

Me duele Eduardo Haro rindiendo al sida su último verso


Eduardo Haro Ibars (Madrid, 1948-1988) es uno de los autores más significativos de la generación que pasó de la clandestinidad a las drogas tras la dictadura franquista. Murió de Sida a los 40 años.


UNA EVOCACIÓN 

¿Pero es que alguna vez nos hemos visto?
Llovían rombos creo sobre el monte más viejo
se escuchaban los gritos y los cantos
de los coches más rojos y las tardes más leves
Cuando en cegueras delicadas frías
(pavos de un agua triste o de un cadáver tenso)
creímos encontrarnos en los rabos del tiempo
Yo me inventaba un árbol donde ahorcarme
tú convertías el silencio en salmos
arquitectura helada de pasillos secretos
Y las palabras eran luces blancas
invención de fantasmas y vestigios

¿Pero es que alguna vez hemos estado
juntos en un desierto o en un cuento
en un bar luminoso y sin espectros?
Ahora ya no lo creo
pienso haber caminado como un zombi
por la empinada calle de las copas
(Como ya estamos muertos
los escaparates del espacio
las farolas que suaves aterrizan
no son más que recuerdos de este mundo
al que llamamos nuestro)

¿Pero es que alguna vez nos conocimos?
Las brujas intentaban alaridos/diamantes
para poner sus puntos y sus comas
en nuestro raro diálogo de muertos
Nada que hacer El polvo con el polvo
iba por avenidas de algodón
supongo que hoy reniegas del fantasma
que he sido siempre para ti —yo guardo
en un rincón sin sueños fotografías heladas
relámpagos de fresa en los espacios fríos
Y es que este sol ya no tiene sentido







A MIS AMANTES TODOS


A mis amantes todos, y a quienes no
han podido serlo
completo encerrado en el hielo de un viejo von Stroheim
ese dedo carnoso hace girar y girar
bajo la sombra de una esfinge de una verga despierta
nuestro sueño son armarios que la muerte cierra
cabalgamos despojos harapos tiernos braguetas hinchadas
soñamos un vampiro moreno vieille Europe
Jeune Afrique una agonía en los brazos de nadie o de la sombra
una agonía fiel de estrella a estrella en lo infinito carmesí
ampolla quizá contenga un árbol
y angosto pasadizo del pastor un solo de violín
agua o música ordeñan el aire
valor ficticio pero amable dice no
a quien lo mira enseña
su humedad su cartón su doble fondo
estoy no estoy contigo en esta jaula
detrás de mi cortina soy un muerto
sueño húmedos disturbios
cortamos el pasar la onda de varios silencios
en la ventana florece una cuchilla y tú recuerdas
no recuerdas
olvidas pájaros olvidas no olvidas miedos de catecismo
mares a punto de congelarse nos enseñaron el camino
y nos llama el autobús no debemos quedar en tierra
ábrete paso al otro lado a tiros

 

 
¿Adios a la vida?

                             Para José Luis Téllez

Cuando el amable antaño desayuno
(comparto reina corazones rojos
y picas negras y tréboles negros
luego diamantes rojos otra vez y Blanca)
el suave Nescafé por la mañana
deja un regusto de podrido y falso
y el chocolate mismo de la noche
(alta madrugada Se vislumbran
ya rosas contra el aire rascacielos
y llaman las sirenas a gritos como siempre como todos los días
al cotidiano fatigar de muchos)
no borra los temblores ni el desastre
de la noche sin sueños pesadilla
despierta sin efectos especiales
Cuando el sexo no tiene la tranquila
Suavidad del humo tan libre y escogido
y la soledad misma está poblada
de insectos vertebrados horrendos y poseedores
de vocecillas malas que ni siquiera insultan
sino repiten nadas y nonadas
Y el corazón funciona con horas de adelanto
y los peces se ahogan en sus estanques
pues que sal en el agua o minerales
Cuando –en fin- me descubro
a escondidas fusilo mis ideas
pues se agotó mi pluma y no hay recambio
es una triste gracia este pijama
Y es un lugar común este poema



Poetas de vida breve. 22 Ismael Fuster

  Permitidme recordar a los derrotados que descubrí en otro idioma nuestro nutriendo una antología* de poetas, muertos a una edad nada prove...