viernes, 30 de octubre de 2026

Poetas de vida breve. 40 Gustavo Adolfo Bécquer

 

Me duele el tardío romanticismo de Bécquer sangrando rimas desde su celda.


Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla 1836, Toledo 1870), es el romántico más popular a día de hoy. Dijo “creo que muerto seré más reconocido que vivo.” Murió debido a la hemoptisis que padecía. Tenía 34 años.




Rima VII

Del salón en el ángulo oscuro,
de su dueña tal vez olvidada,
silenciosa y cubierta de polvo,
veíase el arpa.

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas,
como el pájaro duerme en las ramas,
esperando la mano de nieve
que sabe arrancarlas!

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme en el fondo del alma,
y una voz como Lázaro espera
que le diga «Levántate y anda»!

 


Rima X

Los invisibles átomos del aire
en derredor palpitan y se inflaman,
el cielo se deshace en rayos de oro,
la tierra se estremece alborozada.

Oigo flotando en olas de armonías,
rumor de besos y batir de alas;
mis párpados se cierran… ¿Qué sucede?
¿Dime?
¡Silencio! ¡Es el amor que pasa!

 


Rima XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima
y... mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó un llanto,
y la frase en mi labio expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?.
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?.

Es cuestión de palabras, y, no obstante,
ni tu ni yo jamás,
después de lo pasado convendremos
en quién la culpa está
¡Lástima que el amor un diccionario
no tenga donde halla
cuando el orgullo es simplemente orgullo
y cuando es dignidad!

 


Rima XLII

Cuando me lo contaron sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma

¡y entonces comprendí por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor... con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.

 


Rima LII

 

Olas gigantes que os rompéis bramando

en las playas desiertas y remotas,

envuelto entre la sábana de espumas,

¡llevadme con vosotras!

Ráfagas de huracán que arrebatáis

del alto bosque las marchitas hojas,

arrastrado en el ciego torbellino,

¡llevadme con vosotras!

Nubes de tempestad que rompe el rayo

y en fuego ornáis las desprendidas orlas,

arrebatado entre la niebla oscura,

¡llevadme con vosotras!

Llevadme por piedad a donde el vértigo

con la razón me arranque la memoria.

¡Por piedad! ¡Tengo miedo de quedarme

con mi dolor a solas!

 


 

Rima LVI

Hoy como ayer, mañana como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
uno de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer... y todos ellos
sin gozo ni dolor.
¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
padecer es vivir!



viernes, 23 de octubre de 2026

Poetas de vida breve. 39 José de Espronceda

 

Me duele la garganta romántica de Espronceda tronchada en plena libertad creadora.

 


José de Espronceda y Delgado (Almendralejo 1808-Madrid,1842) es considerado el poeta más representativo del primer Romanticismo en España. Murió a los 34 años debido a un enfriamiento de la garganta que derivó en garrotillo (difteria) cuando estaba a punto de casarse con Bernarda de Beruete.



CANCIÓN DE LA MUERTE

Débil mortal no te asuste
mi oscuridad ni mi nombre;
en mi seno encuentra el hombre
un término a su pesar.
Yo, compasiva, te ofrezco
lejos del mundo un asilo,
donde a mi sombra tranquilo
para siempre duerma en paz.

Isla yo soy del reposo
en medio el mar de la vida,
y el marinero allí olvida
la tormenta que pasó;
allí convidan al sueño
aguas puras sin murmullo,
allí se duerme al arrullo
de una brisa sin rumor.

Soy melancólico sauce
que su ramaje doliente
inclina sobre la frente
que arrugara el padecer,
y aduerme al hombre, y sus sienes
con fresco jugo rocía
mientras el ala sombría
bate el olvido sobre él.

Soy la virgen misteriosa
de los últimos amores,
y ofrezco un lecho de flores,
sin espina ni dolor,
y amante doy mi cariño
sin vanidad ni falsía;
no doy placer ni alegría,
más es eterno mi amor.

En mi la ciencia enmudece,
en mi concluye la duda
y árida, clara, desnuda,
enseño yo la verdad;
y de la vida y la muerte
al sabio muestro el arcano
cuando al fin abre mi mano
la puerta a la eternidad.

Ven y tu ardiente cabeza
entre mis manos reposa;
tu sueño, madre amorosa;
eterno regalaré;
ven y yace para siempre
en blanca cama mullida,
donde el silencio convida
al reposo y al no ser.

Deja que inquieten al hombre
que loco al mundo se lanza;
mentiras de la esperanza,
recuerdos del bien que huyó;
mentiras son sus amores,
mentiras son sus victorias,
y son mentiras sus glorias,
y mentira su ilusión.

Cierre mi mano piadosa
tus ojos al blanco sueño,
y empape suave beleño
tus lágrimas de dolor.
Yo calmaré tu quebranto
y tus dolientes gemidos,
apagando los latidos
de tu herido corazón.





                 Hojas del árbol caídas

 

Hojas del árbol caídas

juguetes del viento son:

¡Las ilusiones perdidas

¡ay! son hojas desprendidas

del árbol del corazón!

 

¡El corazón sin amor! 

¡Triste páramo cubierto

con la lava del dolor,

oscuro inmenso desierto

donde no nace una flor!



                EL MENDIGO

 

   Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan si doliente pido
una limosna por amor de Dios.

El palacio, la cabaña
son mi asilo,
si del ábrego el furor
troncha el roble en la montaña,
o que inunda la campaña
el torrente asolador.

Y a la hoguera
me hacen lado
los pastores
con amor.
Y sin pena
y descuidado
de su cena
ceno yo,
o en la rica
chimenea,
que recrea
con su olor,
me regalo
codicioso
del banquete
suntüoso
con las sobras
de un señor.

Y me digo: el viento brama,
caiga furioso turbión;
que al son que cruje de la seca leña,
libre me duermo sin rencor ni amor.
Mío es el mundo como el aire libre...

Todos son mis bienhechores,
y por todos
a Dios ruego con fervor;
de villanos y señores
yo recibo los favores
sin estima y sin amor.

Ni pregunto
quiénes sean,
ni me obligo
a agradecer;
que mis rezos
si desean,
dar limosna
es un deber.
Y es pecado
la riqueza:
la pobreza
santidad:
Dios a veces
es mendigo,
y al avaro
da castigo,
que le niegue
caridad.

Yo soy pobre y se lastiman
todos al verme plañir,
sin ver son mías sus riquezas todas,
qué mina inagotable es el pedir.
Mío es el mundo: como el aire libre...

Mal revuelto y andrajoso,
entre harapos
del lujo sátira soy,
y con mi aspecto asqueroso
me vengo del poderoso,
y a donde va, tras él voy.

Y a la hermosa
que respira
cien perfumes,
gala, amor,
la persigo
hasta que mira,
y me gozo
cuando aspira
mi punzante
mal olor.
Y las fiestas
y el contento
con mi acento
turbo yo,
y en la bulla
y la alegría
interrumpen
la armonía
mis harapos
y mi voz:

Mostrando cuán cerca habitan
el gozo y el padecer,
que no hay placer sin lágrimas, ni pena
que no traspire en medio del placer.
Mío es el mundo; como el aire libre...

Y para mí no hay mañana,
ni hay ayer;
olvido el bien como el mal,
nada me aflige ni afana;
me es igual para mañana
un palacio, un hospital.

Vivo ajeno
de memorias,
de cuidados
libre estoy;
busquen otros
oro y glorias,
yo no pienso
sino en hoy.
Y do quiera
vayan leyes,
quiten reyes,
reyes den;
yo soy pobre,
y al mendigo,
por el miedo
del castigo,
todos hacen
siempre bien.

Y un asilo donde quiera
y un lecho en el hospital
siempre hallaré, y un hoyo donde caiga
mi cuerpo miserable al espirar.

Mío es el mundo: como el aire libre,
otros trabajan porque coma yo;
todos se ablandan, si doliente pido
una limosna por amor de Dios.



viernes, 16 de octubre de 2026

Poetas de vida breve. 38 Rosalía de Castro

 Me duele Rosalía de Castro, eterna enferma del Rexurdimento frente a la ventana abierta donde el mar no se ve.


Rosalía de Castro nacíó en Santiago de Compostela (1537). Murió en 1885 de un cáncer de útero en su casa de Padrón, a los cuarenta y ocho años.



  

                                                         De: Follas novas



Cando penso que te fuches


negra sombra que me asombras,

ó pe dos meus cabezales

tornas fazéndome mofa.

Cuando maxino que es ida,

no mesmo sol te me amostas,

i eres a estrela que brila,

i eres o vento que zoa.

Si cantan, es ti que cantas;

si chora, es ti que choras;

i es o marmurio do río,

i es a noite, i es a aurora.

En todo estás e ti es todo,

pra min i en min mesma moras,

nin me abandonarás nunca,

negra sombra que me asombras.



Cuando pienso que te huyes


Cuando pienso que te huyes,

negra sombra que me asombras,

al pie de mis cabezales,

tornas haciéndome mofa.

 

Si imagino que te has ido,

en el mismo sol te asomas,

y eres la estrella que brilla

y eres el viento que sopla.

 

Si cantan, tú eres quien cantas;

si lloran, tú eres quien llora;

y eres murmullo del río

y eres la noche y la aurora.

 

En todo estás y eres todo,

para mí en mí misma moras,

nunca me abandonarás,

sombra que siempre me asombras.

Traducción: Mauro Armiño
                              

                                    Traducción : Mauro Armiño

 


                                    

Agora cabelos negros

Agora cabelos negros,
máis tarde cabelos brancos;
agora dentes de prata,
mañán chavellos querbados;
hoxe fazulas de rosas,
mañán de coiro enrugado.

Morte negra, morte negra,
cura de dores e engaños:
¿por qué non mata-las mozas
antes que as manten os anos?

 


Ahora cabellos negros

Ahora cabellos negros,
más tarde cabellos blancos;
ahora dientes de plata,
mañana dientes quebrados;
ahora mejillas de rosas,
mañana cuero arrugado.



Muerte negra, muerte negra,
cura de dolor y engaños:
¿por qué no matas las mozas
antes que las maten años?

                       Traducción : Mauro Armiño




                               De: En las orillas del Sar

                                                De: En las orillas del Sar


                                                        


VII

Ya que de la esperanza, para la vida mía,

triste y descolorido ha llegado el ocaso,

a mi morada oscura, desmantelada y fría,

tornemos paso a paso,

porque con su alegría no aumente mi amargura

la blanca luz del día.

 

Contenta el negro nido busca el ave agorera;

bien reposa la fiera en el antro escondido,

en su sepulcro el muerto, el triste en el olvido

y mi alma en su desierto.



Dicen que no hablan las plantas

Dicen que no hablan las plantas, ni las fuentes, ni los pájaros,

Ni el onda con sus rumores, ni con su brillo los astros,

Lo dicen, pero no es cierto, pues siempre cuando yo paso,

De mí murmuran y exclaman:

—Ahí va la loca soñando

Con la eterna primavera de la vida y de los campos,

Y ya bien pronto, bien pronto, tendrá los cabellos canos,

Y ve temblando, aterida, que cubre la escarcha el prado.

 

—Hay canas en mi cabeza, hay en los prados escarcha,

Mas yo prosigo soñando, pobre, incurable sonámbula,

Con la eterna primavera de la vida que se apaga

Y la perenne frescura de los campos y las almas,

Aunque los unos se agostan y aunque las otras se abrasan.

 

Astros y fuentes y flores, no murmuréis de mis sueños,

Sin ellos, ¿cómo admiraros ni cómo vivir sin ellos?




Yo no sé lo que busco eternamente...

Yo no sé lo que busco eternamente
en la tierra, en el aire y en el cielo;
yo no sé lo que busco; pero es algo
que perdí no sé cuándo y que no encuentro,
aun cuando sueñe que invisible habita
en todo cuanto toco y cuanto veo.
Felicidad, no he de volver a hallarte
en la tierra, en el aire, ni en el cielo,
¡aun cuando sé que existes
y no eres vano sueño!




Poetas de vida breve. 40 Gustavo Adolfo Bécquer

  Me duele el tardío romanticismo de Bécquer sangrando rimas desde su celda. Gustavo Adolfo Bécquer ( Sevilla 1836, Toledo 1870), es el ...