Me duele el tardío romanticismo de Bécquer sangrando rimas desde su celda.
Gustavo Adolfo Bécquer (Sevilla 1836,
Toledo 1870), es el romántico más popular a día de hoy. Dijo “creo que muerto
seré más reconocido que vivo.” Murió debido a la hemoptisis que padecía. Tenía
34 años.
Rima VII
Del
salón en el ángulo oscuro,
de su dueña
tal vez olvidada,
silenciosa y
cubierta de polvo,
veíase el
arpa.
¡Cuánta
nota dormía en sus cuerdas,
como el
pájaro duerme en las ramas,
esperando la
mano de nieve
que sabe arrancarlas!
¡Ay!,
pensé; ¡cuántas veces el genio
así duerme
en el fondo del alma,
y una voz
como Lázaro espera
que le diga
«Levántate y anda»!
Rima X
Los invisibles átomos del
aire
en derredor palpitan y se
inflaman,
el cielo se deshace en rayos
de oro,
la tierra se estremece
alborozada.
Oigo flotando en olas de
armonías,
rumor de besos y batir de
alas;
mis párpados se cierran… ¿Qué
sucede?
¿Dime?
¡Silencio! ¡Es el amor que
pasa!
Rima XXX
Asomaba a sus ojos una
lágrima
y... mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó un llanto,
y la frase en mi labio expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué callé aquel día?.
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?.
Es cuestión de
palabras, y, no obstante,
ni tu ni yo jamás,
después de lo pasado convendremos
en quién la culpa está
¡Lástima que el amor un diccionario
no tenga donde halla
cuando el orgullo es simplemente orgullo
y cuando es dignidad!
Rima XLII
Cuando me lo contaron
sentí el frío
de una hoja de acero en las entrañas,
me apoyé contra el muro, y un instante
la conciencia perdí de dónde estaba.
Cayó sobre mi espíritu la noche
en ira y en piedad se anegó el alma
¡y entonces comprendí
por qué se llora!
¡y entonces comprendí por qué se mata!
Pasó la nube de dolor... con pena
logré balbucear breves palabras...
¿Quién me dio la noticia?... Un fiel amigo...
Me hacía un gran favor... Le di las gracias.
Rima LII
Olas gigantes que os rompéis
bramando
en las playas desiertas y remotas,
envuelto entre la sábana de espumas,
¡llevadme con vosotras!
Ráfagas de huracán que arrebatáis
del alto bosque las marchitas hojas,
arrastrado en el ciego torbellino,
¡llevadme con vosotras!
Nubes de tempestad que rompe el rayo
y en fuego ornáis las desprendidas
orlas,
arrebatado entre la niebla oscura,
¡llevadme con vosotras!
Llevadme por piedad a donde el
vértigo
con la razón me arranque la memoria.
¡Por piedad! ¡Tengo miedo de
quedarme
con mi dolor a solas!
Rima LVI
Hoy como ayer, mañana
como hoy
¡y siempre igual!
Un cielo gris, un horizonte eterno
y andar... andar.
Moviéndose a compás como una estúpida
máquina el corazón;
la torpe inteligencia del cerebro
dormida en un rincón.
El alma, que ambiciona un paraíso,
buscándole sin fe;
fatiga sin objeto, ola que rueda
ignorando por qué.
Voz que incesante con el mismo tono
canta el mismo cantar,
gota de agua monótona que cae
y cae sin cesar.
Así van deslizándose los días
uno de otros en pos,
hoy lo mismo que ayer... y todos ellos
sin gozo ni dolor.
¡Ay! ¡a veces me acuerdo suspirando
del antiguo sufrir!
¡Amargo es el dolor pero siquiera
padecer es vivir!
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